Carlos E. Vallejo.
Sabía que debía continuar el relato, pero las ocupaciones laborales del día a día, me otorgan muy pocos momentos para poder escribir algo que merezca la pena.
Estaba esperando a mi hijo en la clase de Aikido, escuchaba de fondo al profesor “ Esteban” como explica a los chicos, las diferentes llaves del arte marcial. Verdadero virtuoso de la docencia. Explica y transmite muy bien. Se nota que le gusta su trabajo.
Aburrido matando los minutos, con la agonía del celular, entró Lucia como una auténtica reinona. Me señaló delante de todas las madres de los alumnos y gritó.
- Tu chingón, Cabron. Que sepan todas, que ese humilde capullo con cara de mosquita muerta, me la metía desaforadamente hace media hora en el garage de enfrente. Y el muy Cabrón no se quiere casar conmigo.
El profesor de Aikido, se calló de repente. Todas las madres la miraban, sin dar crédito a lo que escuchaban.
No me inmute. No levante la cara de la pantalla del móvil, hasta que dirigí la mirada al profesor de Aikido.
- Esteban, esta mujer no está en sus cabales. Necesita ayuda.
- Depredador sexual y 🤥 mentiroso, gritaba como una posesa.
Con mis mejores dotes interpretativas, le conteste:
- Joven, todos la queremos ayudar.
En un rato vendrán a buscarla.
- Sí cabra, eso es lo que te gustaría a ti, que me llevasen al loquero.
- Míre, le propongo que remita la escandalera y se venga a tomar un café conmigo.
La “chiripiorca” de Lucía remitió sin más alardes y nos fuimos a un bar de mala muerte a las afueras del barrio de “Korea”.
- ¡¡¡Pepe¡¡¡: un botellín para mi, y al mister le pones lo que guste.
- Y tu como conoces al tabernero
- Hay Carlos, no seas pesado, hay muchas cosas que desconoces de mi. Si es cierto que tú me creastes, pero yo tengo un nivel de independencia en mi mundo, que es parte importante del no creado por ti.
- Mira, no entiendo absolutamente nada. Que esté hablando en un bar, con un personaje creado por mi, en mi relato, es una puta locura 😝 , sólo comparable a la triste creatividad del autor, incapaz de redirigir la obra. – No te machaques tanto. Si es un poco paranoia todo, pero mira, estamos juntos en esto y creo somos una buena pareja.
- No se, estoy un poco desbordado.
- Mira, aquí tenemos que terminar este relato y dar por terminada esta historia.
- Entonces, desde donde continuamos. Si te soy sincero, como te dije, no te veía como la salvadora del mundo.
- Ya capullo, ya me lo dejaste muy claro. ¿Entonces no vuelvo a Nueva York y dejo a los desgraciados, bien jodidos bajo el imperio de los K.?
- No lo sé tía, déjame que ordene un poco mi cabeza. Como voy a compartir con mi mujer o con alguien, que mi personaje se ha hecho carne de verdad y que ha venido a verme. Me internan en el psiquiátrico.
Mira, por ahora te voy a mandar de nuevo a tu mega ático en Manhattan para que disfrutes un poco. Por cierto, veo que tienes a grandes chefs a tu disposición. Pídeles que te hagan un buen “ceviche peruano”, te encantará. Para mi la cocina peruana es una gran destacada. Combina sabores increíbles, creando unos matices espectaculares.
- Bueno machirulo, voy a romper corazones ❤️ por Palma. Es viernes, saldré un rato y luego me piro al ático.
- Lo que gustes. Mi hijo termina la clase de aikido y debo recogerle. Nos vemos.


