Carlos E. Vallejo.
Llegada a Cangas de Onis.
Después de mamarme más de ocho horas en coche, recojo a mi familia en el aeropuerto de Asturias, que está situado en un territorio de nadie entre Oviedo y Gijon.
Del aeropuerto a Cangas de Onis, son una hora en coche y llegamos al “puentin del sella”, donde Elena, la anfitriona nos recibe amablemente.
Calidad- precio del apartamento, un poco caro, para lo que es.
Como primera cena fuimos al Parador Nacional de Cangas de Onis.
Malo y caro y cerca de una hora para recibir una cena muy normalita a precio desfasado.
Cuando salimos, caían chuzos como puntas, con lo que me permití la “Libertad” de coger un paraguas de Paradores, con lo que iguale un poco la mala cena con la baratija china traída de Taiwán.
Lagos de Covadonga.
Nos dirigimos a la estación de autobuses de Cangas de Onis para coger el bus de la compañía Alda para subir a los lagos de Covadonga.
Muchas curvas y unas vistas montañosas espectaculares, nos acompañan en nuestro ascenso.
El trayecto dura una media hora aproximadamente.
Llegas al aparcamiento, donde está el punto de información, que te indican el recorrido.
Tuvimos la gran suerte de tener un día soleado y precioso.
Con una condición física mínima, puedes hacer el recorrido que son unos tres kilómetros y medio.
El primer lago es el de Arcena, en un valle rodeado de una gran pradera de pasto.
Fotos, vídeos. Naturaleza en su pleno esplendor. Hay dos restaurantes, el primero barato a 12€ la fabada y el segundo , excusándose en haber recibido un premio culinario sube a 22€.
Cuando llegas al segundo restaurante y compruebas que es mucho más caro que el primero, la pereza de tener que subir de nuevo la montaña hacia atrás, hace que la segunda opción triunfe sobre el primero. En mi caso particular, tengo que soportar la penitencia de la profecía de mi mujer, que me lo había advertido anteriormente.
Comimos bien. Albóndigas en salsa y escalopines de cabrales. En este último plato me imaginaba que serían trocitos de ternera en salsa del queso cabrales. La realidad es que son tres filetes empanados con patatas fritas y a aparte te traen la salsa en un cuenco.
De postre pedimos arroz con leche, con la anécdota que el camarero le pregunto a mi mujer, que como “ topping” que quería; caramelo quemado o canela.
Ella respondió que las dos cosas.
La sorpresa es que no asimilo la respuesta y apareció con dos arroces, uno con canela y otro con caramelo quemado.
Le recordamos nuestra inicial afirmación, a lo que nos contestó que no era posible.
Al cabo de unos minutos, el camarero reflexionó y nos puso un bote de canela en la mesa.
👏 Bien por la tardía reflexión y las ganas de agradar.
Cuando nos dirigíamos a la estación de buses de vuelta, todo el entorno se nublo, banjando la temperatura y recordando que una sudadera es un buen completo en tu visita a los Lagos de Covadonga.
Bulnes
El google maps desde nuestro origen a Bulnes, lo marca como directo, aunque ya sabía que se debe coger el funicular, pensaba que nos llevaría al punto de recogida.
Contrario a toda realidad, en el pueblo de Sortres y a una cierta altura, me di cuenta de mi error. Tuve que bajar nuevamente a Poncebos para coger el funicular.
Una aldea chiquitita, encantadora, parece un reino de selfos, en plenos picos de Europa. De aquí salen innumerables rutas de senderismo para contemplar el famoso “ Naranco de Bulnes”.
El pueblo en sí, son cuatro calles rodeadas de restaurantes con una vegetación insuperable.

Ribadesella y Gijón
Camino de Ribadesella, fuimos a comer a Casa Pacho, sin reservar.
Nos invitó amablemente a que fuéramos a otro restaurante más grande que el suyo . Fue una pena ya que se veían muy buenos manjares.
En el restaurante que comimos, medio normal, no merece la pena mencionarlo. Salvo la agradable anécdota que volvimos a coincidir con el camarero del “arroz con leche” de Bulnes. Me reconoció y de forma muy amable me saludó.
De Ribadesella, todo es bonito, el pueblo, la playa y las vistas.
Se nota rápidamente que es un pueblo de posibles.
El hotel, aunque humilde “Brisas del Sella” tiene unas vistas de la bahía espectaculares y la señora que lo atiende es muy agradable.
Recomiendo la excursión a la lo alto de la ermita.
Como anécdota, os contaré que mi hijo Fernando estaba antojado de churros para el desayuno y nada más avanzar un poco por el paseo del puerto, en una semiesquina apareció un churrería con una señora muy peculiar en su gestión.
Después de observar que el NO, reinaba su establecimiento:
- No se admitía pago con tarjeta
- No se podía hacer prácticamente nada en la terraza de su establecimiento.
Comprobamos que para pedir la comanda, debes ejercer de camarero en la barra y para recoger tu pedido te avisa con un timbre de hostelería.
En definitiva, cada uno pone las reglas que considera en su establecimiento.
Como colofón a nuestro viaje por Asturias, visitamos el barrio de “Cimadevilla” en Gijón.
Lo más bonito de la ciudad, con diferencia. Merece la pena un buen paseo hasta la playa de San Lorenzo.
Mención especial al Restaurante Las Ballenas, donde comimos de menú . El mejor restaurante del viaje con diferencia. Un menú de 12 € con un pastel de Cabracho de primero, bonito de Segundo y tarta de queso. Todo estaba exquisito y el chaval que nos atendió se ganó 5€ extra de propina por hacer muy bien su trabajo.


