Érase una vez en un bosque concebido por las expectativas de lo que debe ser. Que una ardilla estaba disfrutando de las moras de temporada.

Cuando apareció un ternero de cinco meses que se dispuso a comer las moras que se habían caído del árbol.

⁃ ¿Que hace un ternero en el bosque? Le pregunto la ardilla.

⁃ Perdona guapita, vayamos por partes. Dijo el ternero. Antes de nada debes aclarar a nuestros lectores que son unos jovencitos muy inteligentes que no existe comunicación inter-animal. Es decir todavía no se ha demostrado a día de hoy que una ardilla y un ternero se puedan comunicar. Se pueden oler, ver, sentir, pero hablar entre ellos, lo dudo mucho.

Con lo que es una licencia figurada del autor. Recurso muy utilizado en los cuentos y muy pocas veces explicado, que a mis queridas niñas/os conviene recordar.

⁃ Una vez aclarado este pequeño recurso literario. Si soy un ternero. Estaba hastiado de comer pasto en la pradera y por eso me he decidido a disfrutar de estas deliciosas moras en el bosque.

⁃ Pero tu eres un animal doméstico que os suele controlar el humano dentro de un área cerrada.

⁃ Cierto es, querida ardilla. Pero a través de los siglos nació por fin el ternero listo e inteligente que rompió la cerca en busca de nuevas experiencias.

⁃ ¿Y tu mamá vaca te lo ha permitido?

⁃ Te he de reconocer que le costó bastante. El instinto animal de protección está muy desarrollado en nuestra especie, pero ya en mi tierna infancia, siempre mostré signos de una gran independencia. Me amantó lo justo y necesario. Con apenas días ya comía hierba e insectos varios.

Aspecto este último que sorprendió sobre manera a la manada. Un becerro recién nacido comiendo alimentos diferentes fue una novedad muy cuestionada en la manada.

El toro protector llegó a plantear mi abandono, para que estos nuevos usos y costumbres no contaminasen a la manada.

Ten en cuenta querida ardilla que en una comunidad tan estable como la nuestra, donde los terneros somos eliminados en cuanto tenemos 6 meses para el consumo humano, es muy duro poder decir la verdad. Somos un grupo donde solo viven las vacas y los toros protectores. Vivimos en una especie de paraíso ideal, donde el humano nos da de comer todos los días. No debemos buscarnos la comida, pero el 99% de todos los nacimientos solos viven máximo seis meses.

Desde hace años, nació un becerro que vivió como todos cinco meses y pico. El pico depende mucho siempre del año, pero se aproxima mucho a los seis meses. En la gran mayoría de años suele ser cinco meses y quince días, pero ha ocurrido que algunos años son evacuados con nueve, diez e incluso ocho días, después de cumplir los cinco meses, se celebra la fiesta de despedida en la que los becerros de la manada que cumplen con este tramo de edad son agasajados por el resto de miembros, durante una noche que se llama la “reconversión”.

Como te comenté este becerro que fue eliminado como todos, fue predicando durante su vida que el traslado de los inferiores de seis meses se correspondía a una nueva finca de engorde, donde disfrutarían de los mejores pastos que jamas nadie hubiera disfrutado. Nos prometió que era el paso a una segunda etapa mucho más placentera. Todo su predicamento tuvo una gran acogida en la manada, ya que hasta entonces, tan solo se tenia conciencia de que eran transportados, pero no sabia nada de su destino. Fueron mucho años que el becerro profeta “Luminaria” que ese era su nombre, fue venerado y su mensaje se transmitió por generaciones. Hasta que otro becerro transportado, consiguió liberarse en el matadero y no sabemos todavía a través de que guía divina, consiguió volver a la finca para contarnos la verdadera verdad de nuestro destino, que no es otro que el brutal sacrificio para servir de comida para los humanos.

– Que fuerte. Respondió la ardilla.

Si como lo oyes. Los humanos son carnívoros y se alimentan de becerros. Esta es la razón por la que nos cuidan tanto. Tu ardilla, tienes suerte de ser un animal pequeño y salvaje, que no has despertado su interés todavía.

Ante este nuevo panorama, la manada se dividió entre los partidarios de “Luminaria” y de “Verdad”, que es como se llamaba el becerro liberado, que el pobre duró muy poco en la manada, ya que cuando el ganadero observo su presencia, lo sacrificó delante de todos.

Fue una locura. Ambas tesis eran enfrentadas como ciertas y ninguna facción llegaba a un entendimiento. Lo lamentable de la situación era que todos los miembros seguían atrapados en la finca y los becerros continuaban siendo transportados a un paraíso para unos y a una muerte segura para otros.

Nada se hacía en pos de una libertad de los futuros becerros. Todo eran algaradas intentando convencer al prójimo, hasta que un día en el consejo de “toros protectores”, cuando solo tenia tres meses apenas les dije:

“Queridos congéneres de la raza “Cherolesa” de la finca Doña Eva. Somo una especie domesticada por el hombre hace generaciones, sometida a su mandato y sustento que nunca hemos hecho nada para remediarlo. Ahora estamos enfrentados, porque dos de los nuestros, nos revelaron nuestros destinos. Pero para ser más exactos es el destino de parte de los nuestros, de nuestra juventud que nunca crece ni evoluciona. Las vacas y los toros protectores si que viven una vida terrena hasta la muerte natural que nunca ha sido analizada, pero nuestra existencia como pueblo, siempre se ha visto cortada por el paraíso o por la comida de los humanos.

Este enfrentamiento, no nos deja avanzar, ni evaluar primero que somos presos del humano y que vivimos encerrados en una cerca. Propongo compañeros, primero salir de la esclavitud que siempre hemos estado sometidos y una vez conseguido este objetivo, ya nadie se llevará a nuestros becerros a ningún sitio”

Fui aclamado por toda la manada, que puso fin a la confrontación y se acordó por el Consejo de toros protectores realizar un agujero en la vaya que nos delimita con la finca colindante para que pequeñas avanzadillas de becerros vaya explorando nuevos terrenos y conocimientos para una futura liberación.

Sabemos que no va a ser fácil. Somos 400 cabezas de ganado entre vacas y toros protectores, que producen más de trescientos becerros todos los años, con lo que nuestra salida seria demasiado obvia y todas luces inviable. Necesitamos nuevos horizontes que explorar, nuevas experiencias y lo más importante, formarnos en nuevos conocimientos para algún día poder vencer a el humano y así conseguir nuestra libertad.

Con lo que aquí estoy querida ardilla comiéndome tus moras, un fruto que jamas he comido, en un bosque, un ecosistema que debo explorar para aprender y darle conocimiento a mi pueblo. Por cierto mi nombre es “Prometeo”.