La ventana indiscreta

El Blog de Carlos Vallejo

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El decoro en la buena vestimenta.

Carlos E. Vallejo.

Torpe aliño indumentario, ya nos lo decía, el bueno de Machado, al describir su precaria apariencia.

La buena vestimenta es una práctica individual, acorde a cada uno. A todos o casi todos, nos gusta vernos bien, tener una apariencia digna en cuanto a nuestro físico. ¿Por qué cada vez más, vemos obesos o verdaderos fantoches, carentes de la más mínima tolerancia visual?.

Ansiedades que se solucionan comiendo, depresiones que provocan abandono físico. Las razones son múltiples, ya que la realidad de nuestro día a día nos dice, que no vemos “Adonis”, ni modelos por la calle.

La presentación de nuestros cuerpos, es inherente a nuestro libre albedrío individual. El Estado (aunque lo intenta habitualmente), ni la sociedad nos debe imponer un modelo a lo “Mao Tse-Tung”.

Hace unos años, en nuestro país, “el traje de los domingos” era la indumentaria estrella que exhibimos en la Iglesia, como respeto al templo y por el carácter festivo del día.

Ahora en el siglo XXI, estamos en la sociedad del bienestar, donde el coste de las prendas de vestir son irrisorias, cualquier pobre desgraciado puede vestir barato y con estilo. No hay excusa para ir mal vestido, la moda ya hace años que se socializo.

Pero a pesar de esto, el horrible “chándal” continúa inundando medio mundo. Respecto a esta prenda, conviene recordar su uso, está destinado para hacer deporte y nada más.

Esta prenda ha hecho mucho daño a los españoles. En muchos hogares, es la protagonista para toda la familia. “El Chandalero” es un mal que lo destruye todo, puede ser usado como pijama o de indumentaria diaria. Es la reina de los fines de semana. Incluso el “hortera de bolera”, exhibe orgulloso las marcas de Armani, Loewe o Hugo Boss, creyendo que está en un estatus superior.

El sátrapa Fidel Castro, fue el primero que creó el contrasentido, de cagarse en el imperialismo americano, vestido con un chándal de la marca líder de USA.

Esta estela de dictadores sudamericanos, fue seguida por Hugo Chávez, para continuar con Maduro, plasmando esta locura política sobre unos chándales de brillantina que esconden el caos de mierda que representan.

Formación y más formación. Necesitamos una verdadera involución en los usos y costumbres de la urbanidad indumentaria.

Libertad con buen gusto por favor. No a la alineación de la grosería visual.

Poco a poco, espero que esta farsa del “leggin” femenino, las bermudas masculinas con las piernas peludas, nos abandonen de una vez por todas. Y que el espíritu de “David Niven” o Audrey Hepburn, vuelvan a resurgir modelos de buena vestimenta y decoro.

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