Carlos E. Vallejo.

Maquinillas de afeitar de la marca “cien” del LIDL es una opción muy competitiva para cubrir esta necesidad de higiene personal masculina.

Ya hace más de seis meses que se encuentran en rotura de stock, es decir en falta, carentes de reposición.

La respuesta de los dependientes ante la carencia de genero, siempre manifiesta un desconocimiento absoluto de todo: interés, conocimiento, empatía etc. Es un enorme cero, que refleja que un robot haría bastante mejor su trabajo. Mejor no preguntar. Las respuestas, solo dan pena de la miseria intelectual que manifiestan estos trabajadores.

La situación, no varía, no hay recambios. Pero en cambio, la cadena de supermercados alemanes si vende la maquinilla de afeitar, que va con una cuchilla de recambio, a pesar de que hace más de 6 meses, los recambios no están, ni se les espera.

Es una cadena privada, con lo que no rinde cuentas a nadie, pero a su principal valedor que es su cliente, le debería advertir que se está comprando un producto, que no se podrá utilizar en breve.

Engaño, mentira, timo, quizás estafa sería demasiado, para definir esta mala praxis de un negocio que se le llena la boca de practicar un marketing de buenísimo, nada más lejos que la realidad.

Son mini problemas de la sociedad del bienestar, que serían bien vergonzantes al compararse con Cuba o cualquier subdesarrollado de los muchos países donde la miseria ocupa el primer escalón de la supervivencia.

A pesar de esto, independientemente del grado de desarrollo de una sociedad o país, las cosas están bien hechas o no.

Esto me recuerda, que el otro día viendo un vídeo de YouTube, en la presentación de un libro, un gordo con barba que toca el piano, defendía la buena literatura, en una correcta escritura. Da igual el tema o la trama, según el, son accesorios. Si está bien escrito despierta el interés, aunque el tema sea del todo banal. Ponía como ejemplo al bueno de “Josep Pla”.

Llevo un par de semanas leyendo al autor. Reconozco que el gordo tenía razón, rápidamente te das cuenta que “Pla” es un grande, da gusto leerle, pero difiero en el el entorno. Hay muchísimos artículos que no me interesan lo más mínimo, aunque estén escritos como “Dios”, son un verdadero coñazo.

Muchas veces y en nuestra época cada vez más, la trama es la protagonista. Recordemos que el folletín, las telenovelas, son construcciones sencillas para que el pueblo se enganche poco a poco a una historia. Ahora es twitter, Instagram etc. Hemos bajado la calidad. Los vídeos y las reseñas de noticias son tendencia ahora.

Que vamos a peor es obvio. Que el verdadero conocimiento y la cultura, solo será disfrutado por una elite, es la deriva de este principio de siglo. Recordemos que el acceso al conocimiento siempre se ha limitado a unos pocos. Todos los regímenes prefieren un pueblo ignorante que viva del subsidio del Estado.

Como colofón a esta demencia de los supermercados Lidl, esta mañana me he fijado en la gran cantidad de mugre que tiene el cubo de la fregona de la limpiadora de mi edificio.

Es un error muy frecuente y mucho más cuando se trata de material de limpieza ajeno que los utensilios para limpiar no se limpien. Es una paradoja que el instrumento para la finalidad de limpiar, esté sucio.

En otros sectores como lo cirugía, no tendría justificación, como voy a operar con un instrumental no esterilizado, como voy a pensar con un tumor cerebral.

Si se puede, pero seguramente el resultado final no será el más halagüeño.

Poder se puede todo, pero las consecuencias serán el fruto del estado del con “que”.