Carlos E. Vallejo.

  • ¿Me lo envuelve para regalo por favor?
  • No, Señor, ya no los envolvemos. Al final del pasillo a la izquierda se encuentra el papel, para que lo realice usted.

Es un pequeño detalle que puede parecer no tener importancia, pero marca el final de una etapa.

Siempre ha sido un clásico, en estos grandes almacenes durante las navidades, ver a unas chicas contratadas por obra, dando un servicio excepcional a los clientes.

El gran fracaso de la entrada en el “ecomerce” de estos grandes almacenes provocó hace tiempo que gran parte de su cuota de mercado le fuese robada por el gigante de “amazon”.

Ahora es un poco el final del camino. La dependienta te invita a una esquina donde se encuentra el triste rollo de papel y las tijeras para que te autoflajeles o lo envuelvas tú mismo.

Esta travesía en el desierto empezó hace años, cuando la profesionalidad de los dependientes terminó. Sabían del producto que vendían, habían sido formados para tal encomienda y si había algún conflicto, siempre estaba el jefe de sección que lo arreglaba todo.

Tiempos pasados que no volverán. Ahora suena el telefonillo y sabes que tu producto ha llegado. Si no estás en casa te llaman por teléfono para entregárselo de cualquier manera.

La comunicación de las características del producto, lo hacen los comentarios de los clientes que ya han tenido la experiencia.

No es ni mejor, ni peor. Son los nuevos tiempos a los que nos debemos adaptar.

  • Bueno pero usted, seguro que es es tan amable de hacerlo por mi.
  • Claro que sí Señor. Espere aquí y en unos minutos lo tendrá listo.

La palma de la mano de la chica recibió 20€ del Señor, fue un movimiento rápido en el que apenas se dio cuenta.

Cuando observo que era lo que tenia, el Señor se había esfumado.

El era de la vieja escuela.