Carlos E. Vallejo.

Empezaba a tener un poco de control sobre mi existencia. La zorra de “ Jaramillo” no daba señales, ni las esperaba. No creo que las continuas amenazas con la nada, sea una buena presentación para los encarnados.

Algo acaba de descubrir, una puerta entre estados, pero según la última melancólica la debo guiar a esa cursilería del “ universo amanecido”.

Como siempre, sin rumbo ni destino me fui a el garito.

  • Entonces, perdona que te interrumpa con tu hamburguesa. Por cierto, ¿qué tal está?
  • Deliciosa y muy buena idea la combinación del boniato frito con las patatas.
  • Se lo diré al chef Mariano, es un gran innovador. Debes pedir un día su tortilla de patata, es una delicia. Cambiando de tema, tu madre dice que te comentó que yo te ayudaría.
  • Si Lucia, desde pequeña mi madre me dijo que la muerte no existe, es un simple cambio de estados. Una vez que me ocurriese, que en el garito preguntase por Lucia.
  • De verdad que te dijo “garito” en estos términos?
  • Si ¿por?, ¿qué importancia tiene?
  • Nada es simplemente el término que yo utilizo para definir a este lugar. Al decírmelo tu, me ha sorprendido bastante. Bueno tranquila, intentaré ayudarte en todo lo que me sea posible. Ten paciencia esta una nueva etapa en tu existencia y hay procesos completamente distintos que no estoy autorizada a desvelarte.
  • Ok, mi madre me dijo que tu eras como la “malinche” Si te puede ayudar.
  • No me dice nada ese nombre, pero lo estudiaré.
  • Pues vaya mexicana estás hecha, lo sé hasta yo.
  • Disculpa querida, te he dicho que lo averiguaré.
  • Estuve documentándose sobre quien era la Malinche y esto es lo que encontré.

“Malintzin, Malinalli, Malinche o Doña Marina fue un personaje clave en la conquista de México-Tenochtitlan, relevante a tal grado que los soldados y cronistas españoles se refirieron a ella con agradecimiento, en tanto que los indígenas la representaron en muchos códices con atuendos de realeza y en un tamaño igual que el dado a la figura del propio Hernán Cortés.”

En sus primeros años, o bien en su temprana adolescencia, cuando Marina sufrió la muerte de su padre, el señor de Olotlan ­—un altépetl oprimido por la Triple Alianza—, y luego, con el temor de que se interpusiera entre las aspiraciones políticas de su padrastro y sus hermanastros, fue vendida como esclava doméstica a mercaderes del actual Tabasco; aunque otras versiones sugieren que fue robada.

Hernán Cortés había emprendido su campaña por la conquista de México cuando se enfrenó al pueblo maya de Tabasco en la batalla de Cintla en la que resultaron victoriosos los europeos.

El cacique del lugar, para «apaciguar» al español, le hizo varios regalos como una veintena de esclavas entre las que estaba Malintzin.

Como en ese tiempo era aceptado el concubinato (barraganía) pero solo con mujeres bautizadas, Malintzin recibió la purificación de la fe católica y el nombre de Marina.

Entonces fue entregada por Cortés a su capitán Alfonso Hernández, pero el conquistador pronto descubrió el gran valor que tenía la mujer que sabía náhuatl y maya, así como sus variantes.

Y más allá de eso, pronto Cortés la hizo su propia amante cuando ella tenía 15 años.

En su travesía hacia la toma del Imperio azteca, entre 1519 y 1521, la mujer dejó de ser Malintzin y Marina, y se encumbró en lo más alto de la avanzada conquistadora como Doña Marina.

Colaboró y ayudó a Cortes en su victoria contra el imperio azteca.

Fue su amante y esposa, tuvo un hijo con el conquistador español y lo más interesante del personaje es que fue la gran traidora del pueblo mexicano, al colaborar con el invasor, por otro lado es la madre de una nueva raza, los criollos. Suscitó más odios que amores en la historia.

Cierto es que en estos últimos años existe una corriente que la intenta justificar, la idolatran como a un mito (La madre de la nueva raza sudamericana).

Averiguando quién era “la malinche”, no entiendo nada. Que me deba aliar con el mal para abandonarme en las tinieblas o lo que se dice parir en la muerte es complicado, salvo que sea capaz de encontrar ese “ universo amanecido” y convertirme en la madre de ese pueblo que espere que averigüe dónde está.