Carlos E. Vallejo.

Los vencedores o los vencidos, los asesinos o los héroes, siempre depende de cómo le toque a cada uno jugar en la feria.

“Huber Matos” fue primero revolucionario y héroe cubano con la famosa foto de la entrada en La Habana en el 59, al cabo de de los días se convirtió en disidente y mártir del régimen castrista, con más de 20 años en prisión.

“Ramón Mercader”, el asesino de “León Troski” o héroe nacional ruso, pues depende de quien te cuente la historia.

Toda historia varía mucho, según el bando que la cuente y como la cuente.

La mía fue sencilla. Mi asesinato quebró a mi familia y fue una pequeña semilla para que el pueblo español saliese a la calle a decir basta a los a tentados de ETA.

¿Qué es ETA?

Como dije dependerá mucho de quien te lo cuente.

Si se lo preguntas a un abertzale de Mondragón, te dirá que fueron los “gudaris” que empezaron la liberación de la nación vasca.

Si le preguntas al hijo de un Guardia Civil asesinado, te dirá que es un grupo terrorista.

Pero en toda historia, independientemente de los involucrados y de los diferentes intereses, hay una verdad, que son los hechos.

A mi me asesinaron después de la liberación del funcionario de prisiones “Ortega Lara”, en un momento en los que la organización daba muestras de debilidad por la detención del comando y la libertad del secuestrado.

Necesitaban una acción ejemplar que dejase claro al Estado Español de la capacidad de reacción de ETA.

Yo fui el “conejillo de indias”, un chaval con toda la vida por delante que jamás se imaginó que fuese a tener el lamentable final de mi ejecución.

Los últimos días de mi vida fueron tan dramáticos que no merece la pena recordarlos.

Dicen que uno realmente muere, cuando ya no hay nadie que te recuerde. A mi todavía hay mucha gente que me recuerda y reza por mi alma, pero llegará el día en que seré un simple dato en una enciclopedia digital o apareceré en la página diez de los buscadores, es decir, la no existencia y aquí es el momento donde los hechos, la realidad se desmorona en aras de la interpretación que quiera dar el supuesto historiador.

Todavía está fresca mi memoria, pero poco a poco, a pesar de que solo han pasado diez años de la escisión de ETA, ya nadie recuerda o no quiere recordar el papel que favoreció a la banda terrorista por parte de la Iglesia Católica.

Parece un sin sentido, como una religión puede ayudar a matar a el prójimo, pero lamentablemente hubo muchas pistolas en las sacristías, sacerdotes chivatos que marcaban el camino a los verdugos, sermones de domingo que alentaban los atentados.

Es parte de una historia que nadie cuenta o recuerda, se tapa, como si no hubiese pasado, pero la verdad está escrita en letras mayúsculas.

Al igual que en holocausto nazi, ya muchos historiadores lo niegan o intentan mermar el genocidio. Fueron muchos muertos demostrados, existen imágenes, testimonios, pero el paso del tiempo es muy malo para la historia.

En el caso de que a mi me ocupa, mis pobres padres que ya por fin están conmigo, tuvieron que soportar en vida, como mi tumba fue profanada en repetidas veces hasta que mis restos tuvieron que ser trasladados a nuestro pueblo natal.

No solo nos mataron, sino que ahora en en las Ikastolas vascas, se está creando una intrahistoria paralela que habla de héroes vascos, de opresión pasada del Estado Español, pero hay un gran silencio respecto a las víctimas, seguimos siendo el tabú del que es mejor no hablar. Incluso en los homenajes en Euskadi, no es raro escuchar chillidos de sangre por parte de la población, aprobando los asesinatos.

Por esto y por un sin fin de hechos cambiados, manipulados tergiversados por intereses sectarios, es importante analizar el quién escribe la historia.