Carlos E. Vallejo.

-Y tú qué has hecho?

– Creo que a efectos racionales, nada.

– !Anda con la paya!, que no se explica.

Me encontraba, todavía hecha carne, en el calabozo de la comisaría de Sans Barcelona, a espera de mi próxima declaración con el juez. Me parece que los pocos poderes que he podido tener para moverme en los estados de tiempo , ya no me funcionan. He intentado concentrarme para irme con los melancólicos, pero me ha sido del todo inútil.

Creo que debo buscar la cursilería esa del “universo amanecido” para la última melancólica que recibí.

No recuerdo su nombre, pero creo que ni me lo dijo. Seguiré que los acontecimientos continúen, ya que mi canal de comunicación con Anita Jaramillo se acabó.

Mi declaración ante el juez fue absolutamente nefasta. Al no tener ningún tipo de documentación española en vigor y no contestar a sus preguntas, fui declarada en desacato a la autoridad judicial y decretó prisión provisional por tres meses.

Cuando me trasladaban desde el calabozo de los juzgados para la prisión, sentí que era el momento para empezar la búsqueda.

Rompí sin ningún tipo de esfuerzo los grilletes de las manos y tuve una especie de elevación sensorial, donde en un mundo paralelo los policías que me custodiaban me encañonaron para que me detuviese.

Sus gritos me sonaban fuera de mi espacio tiempo. Tan solo continué caminando, sin nadie ni nada que me lo impidiese.

Empoderada, desprendiendo un halo de luz, que emulaba a un milagro terrestre, pero es tan solo, es una característica más de mi nuevo estado material.

Ahora si manda el espíritu y el cuerpo siempre obedece.

Si aparecí en la clase de ese profesor al que zarandee sin piedad, sería por alguna coincidencia en mi búsqueda. Algo que he analizado, es que todo el proceso de mi nuevo estado tiene un sentido, soy parte de un final.

Todas las experiencias vividas son parte de un proceso de aprendizaje en busca de algo que todavía no soy capaz de reconocer.

Volviendo al profesor y documentándose sobre quién era, descubrí que su tío fue Georges Leimatre, sacerdote y científico que trabajó en la hipótesis de que el universo no es estático, sino que se expande. Lemaître hizo algo más que deducir, sino que ofreció un cálculo de la velocidad a la que se estaba expandiendo el universo.

Considerado uno de los padres de la teoría del “ Big Bang”, supuso un gran avance en el cambio de mentalidad científica.

Tenía una coincidencia, la palabra universo.

La última melancólica pretendía que le ayudará a buscar a su madre en el universo amanecido y ahora el sobrino que he provocado que se carguen, es un descendiente de las teorías del universo.

Como decía Ohio, el cubano: “ blanco y en botella”.

El Universo contiene miles de millones de galaxias, cada una con millones o miles de millones de estrellas. El espacio entre las estrellas y las galaxias está en gran parte vacío. No obstante, incluso en sitios alejados de las estrellas y los planetas hay partículas dispersas de polvo o unos pocos átomos de hidrógeno por centímetro cúbico. El espacio también está lleno de radiación (por ejemplo, luz y calor), campos magnéticos y partículas de alta energía (como los rayos cósmicos).

El Universo es increíblemente grande. Un avión caza actual tardaría más de un millón de años en llegar a la estrella más cercana al Sol. Si viajara a la velocidad de la luz (300.000 km por segundo), tardaría 100.000 años sólo en cruzar nuestra Vía Láctea.

Nadie conoce el tamaño exacto del Universo, porque somos incapaces de ver el borde, si es que lo tiene. Todo lo que sabemos es que el Universo visible tiene al menos 93.000 millones de años luz de ancho (un año luz es la distancia que la luz recorre en un año, por lo tanto, unos 9 billones de km).

El Universo no ha sido siempre del mismo tamaño. Los científicos creen que se inició con un Big Bang, que sucedió hace unos 14.000 millones de años. Desde entonces, el Universo se ha estado expandiendo a gran velocidad.

Por lo tanto, la zona de espacio que ahora vemos es miles de millones de veces más grande que cuando el Universo era muy joven. Las galaxias también se alejan entre sí a medida que se expande el espacio entre ellas.

Después de mi proceso de documentación y de las experiencias vividas, creo que en el planeta tierra hay puertas abiertas hacia el universo. Y creo que en algún lugar del universo se encuentra la puerta al estado físico que me encuentro. Es tan solo una hipótesis, sin ningún tipo de evidencia científica, pero como decía aquel, estoy sintiendo una búsqueda hacia alguna puerta.

Seguía hecha carne, en Barcelona, sin novedad en el frente.

No volvía al garito. La norma se está alterando y no tengo ningún interlocutor.

Me encontraba en un pequeño parque a la salida de la estación de Sans.

Me paro un encuestador, pidiéndome colaboración para poder realizarme una encuesta sobre turismo en Barcelona.

Tenía la mirada cansada. No supe decirle no.

No conocía Barcelona, ni España, tan solo en mi anterior vida había visto reseñas en la televisión mexicana.

La encuesta era interminable, dentro del apartado cultural, hacia una comparación de monumentos de España, para que los valorase dentro de un ranking.

Hubo uno de ellos que llamó mi atención: La Alambra de Granada.

No conocía nada de lo que mencionaba el chico, pero era fácil hacer valoraciones dentro de una escala del 0 al 10.

Finalmente me pregunto por mi nacionalidad y el motivo de mi viaje.

Le comenté que era algo parecido a trabajo.

Entre dentro de la estación de Sans. Fui a la taquilla.

-Señora ¿a dónde se dirige?

– A Granada.