Carlos E. Vallejo.

Tuve un accidente de ciclismo bajando la Sierra de Tramontana en Julio de 1990.

Fue una fractura de tibia y peroné, complicada con una pérdida de conciencia continuada.

En la nebulosa de mi inconsciencia en la UCI, escuchaba las oraciones de una madre que velaba a su hijo Tomeu.

Tuvo un golpe tremendo en su trayecto a el instituto con los nuevos patinetes.

Todo apuntaba a lo peor, pero una noche en la que disfruté de un gran sueño reparador, mi compañero amaneció súbitamente recuperado. El fallo multiorgánico que le iba a llevar a la tumba, se corrigió de forma sobrenatural.

Los médicos no daban crédito.

– Son cosas que alguna vez en la vida pasan.

Me dijo la madre de Tomeu, con una sonrisa que reflejaba la alegría de su alma. Su hijo volvió a la vida.

Pasaron los años, pero nunca me olvidé de Tomeu, volvía siempre en mis sueños.

En un viaje de negocios, en el que estaba de nuevo en Palma, sufrí un ictus en plena calle.

Me trasladaron al recién inaugurado hospital “Son Espases” de Palma.

Tuve una operación neurológica, que me salvó la vida, pero perdí la capacidad de hablar. El post operatorio fue duro, todas las noches tenía pesadillas terribles que no me dejaban dormir.

Cuando llevaba más de veinte días de convalecencia, en el aburrimiento de mi desvelada madrugada, observé a un médico, me parecía conocido y no sabía de que.

Mientras observaba a un paciente, se giró y me sonrió.

No daba crédito, era Tomeu. Había cambiado, ahora es un hombre, pero no ha perdido la expresión limpia de su niñez.

Intente gritarle, pero no podía. El esfuerzo del intento provocó un derrame interno que acabo en parada respiratoria con muerte transitoria de de más de 45 segundos.

En el trance hacia el otro estado recordé mi pasada conversación con Tomeu que había olvidado.

– Señor, es fácil. Es tan solo un intercambio corporal. Usted me da parte de la energía que necesito ahora y yo se la devolveré el futuro.

– Como sé, si es cierto lo que me dices.

– Debe confiar. Dar es recibir. Los polos opuestos se atraen, es una de primeras reglas de la naturaleza.

– Bueno confió que así será.

Está fue la razón por la que Tomeu no murió hace años.

Volví a la vida con gran tranquilidad de espíritu. Me quité la vía y empecé a vestirme. Mientras los sanitarios llamaban a seguridad del hospital conseguí escabullirme.

Andaba por el “cami del reís” en dirección al Monasterio de la Real que está muy cercano al hospital. En la entrada un fraile, me dijo

– Ya le están esperando.

Avance hasta el altar de la capilla donde me fundí en un abrazo con Tomeu.

Duró más de tres minutos, donde mi energía fue devuelta.