Carlos E. Vallejo.

De vuelta al garito, sabía que lo había hecho bien. Lo sentía. Jaramillo no vino a verme.

Continúe atendiendo a las almas recién llegadas de los melancólicos.

Llegó una mujer de treinta pocos. Bastante atractiva, con la ropa destrozada, y múltiples contusiones en el pasado cuerpo.

  • Bienvenida Señora, ¿qué le pongo?
  • Estoy muy aturdida. No se donde estoy.
  • Tranquila es, absolutamente normal. Es un cambio muy brusco.
  • Creo que me he matado.Un accidente de coche, con un chico. ibamos en un Ferrari. Le contaré lo ultimo que recuerdo:

Fue una tarde preciosa de primavera. Estaba en el parque del retiro de Madrid. Tomaba el sol sobre el césped. Relajada, descansando. Oliendo la naturaleza.

Cuando empezó un guiñol, no le puse mucho cuidado, salvo por el inicial alboroto de los niños para coger sitio.

Inconscientemente empecé a escuchar el diálogo.

Voz en off del guiñol :

“Ella se llamaba Macarena y no sabía que era una princesa, ya que en la revolución de su país, toda su familia fue pasada a cuchillo, menos ella, que tan solo contaba con dos meses de edad y fue salvada por su “ nani” una madrileña de nombre María.

Cuando los revolucionarios, preguntaban por Sofía, la menor de las hijas del Zar de Rusia, ya marchaba en tren para abandonar el país con su niñera.

Recién pasada la frontera de los Pirineos, ya dentro de España, María decidió cambiarle el nombre a la niña. Se llamaría Macarena, para poder salvaguardar su identidad.

La pequeña, volvió a nacer en Sevilla, donde un matrimonio la acogió en la calle Moratin.”

Sufrí un escalofrío que me atravesó el alma. Ya era demasiado, me llamo Macarena y mi casa esta en la calle Moratin, pero continue escuchando.

Tuve una vida preciosa dentro de una familia encantadora. Mi padre de nombre Jose, panadero de profesion, sabía mi verdadera identidad, ya que María se la contó.

Los bolcheviques descubrieron que la niñera la salvó y crearon un comando llamado “exterminio real” que recorrería el mundo para terminar con la saga de los zares.

Macarena se trasladó a Madrid a estudiar la carrera de Químicas.

También han acertado lo de la carrera. Me levanté del césped y fui a presenciar el final del guiñol.

Macarena finalmente fue descubierta por el comando ruso y trasladada a Moscú, para su encierro el la Torre del palacio de San Petesburgo.”

Todos los niños gritaron a coro: noooooo.

Me quedé observando como un chico de cabellos plateados y muy guapo, empezaba a desmontar el montaje del guiñol.

Se giró, me miró fijamente y me dijo:

  • No me mires y ven a ayudarme.
  • ¿Tu de que vas?
  • Me llamo Stefan y estudio arte dramático.
  • ¿Me conoces?
  • Pues no tengo el gusto.
  • No se, es mucha casualidad que la protagonista de tu guiñol, se llame igual que yo.
  • Bueno, si un poco extraño, pero tampoco es para tanto. Te invitó a cenar.

Fuimos a un restaurante argentino, que aunque detesto la carne, disfruté de una pizza de albahaca deliciosa.

Stefan, me tenia despistada. Es un amor de muchacho. Combina la alegría con un destello de luz interna, que transmite novedad en todo lo que dice.

Fue una velada exquisita en todos los aspectos. No le dio ninguna importancia a mis coincidencias con su guiñol.

Abandonamos el Restaurante y dimos un paseo por las calles aledañas al Palacio Real de Madrid. Terminamos en un bar de copas llamado “el último suspiro” donde disfrutamos de varios tequilas y del primer morreo de la noche.

Todo fluía de manera óptima. Miradas cómplices. Sabía que todo era demasiado casual, demasiado bonito, pero me dejé llevar. Cuando todo te gusta y favorece, caminas hacia el precipicio aun sabiendo que algo raro hay.

Del “último suspiro” fuimos a la “mal querida” en Malasaña, donde amanecimos bastante borrachos.

De allí cojines un taxi para Atocha.Desayunamos un par de hermosos bocatas en un bar de lo zona. Nos recuperamos.

  • Ahora te voy a enseñar una sorpresa. Trabajo en la discoteca “Kapital” y tengo que recoger una cosa.

Tan solo estaba el personal de limpieza en la sala de fiestas. Fuimos a su taquilla, donde recibió sus enseres personales.

  • Ahora te enseñaré la sorpresa.

Fuimos al aparcamiento y me enseño un coche impresionante.

Un Ferrari se estrella a 150 kilómetros por hora en el túnel de Alfonso XII y mueren sus dos ocupantes.

La muerte viajaba ayer en un Ferrari Módena 360 que provocó un espectacular accidente con otros dos vehículos a la entrada del túnel que comunica la avenida de Alfonso XII con Atocha, a la altura de la Cuesta de Moyano. Un hombre de 33 años que viajaba de copiloto en el potente y lujoso vehículo, cuyo precio supera los 144.000 euros (más de 24 millones de las antiguas pesetas), falleció a consecuencia del siniestro, ocurrido sobre las once y media de la mañana. La conductora del Ferrari, rescatada con vida del siniestro, murió anoche en el Hospital Gregorio Marañón, donde había ingresado con heridas muy graves.