Carlos E. Vallejo.

Valora todos los días lo que tienes. Levántate con alegría de espíritu y disfruta de tu vida, ya que hay muchas personas que sufren necesidades materiales que les impiden llevar una vida digna y se ahogan en la ansiedad de la impotencia que les puede llevar al pozo de la desesperanza.

El perfil ha cambiado. Vivimos en una sociedad que no ve más allá del ombligo de los suyos. Fuera de su entorno, el prójimo existe, pero no le miramos a la cara, no le sonreímos, no le vemos. Pasamos todos los días delante de él, alguna vez cambiamos el gesto de la cara, en algo que se parece a una sonrisa y continuamos.

Dentro de la sociedad existen los invisibles; la soledad del anciano abandonado, la madre soltera que ya no sabe que inventar para dar de comer a sus hijos, el inmigrante que soñaba con un país mejor y el nacional que nunca se imaginaba en una cola soportando la vergüenza inicial de la necesidad.

Cada día son más. La ruina y la miseria avanzan sin cesar EN UNA REALIDAD que todavía mucha gente no quiere ver. El gobierno es incapaz de solucionarlo y el hambre ya llegó a nuestras calles.

Son dos mundos, el supuestamente normal y el de los invisibles. Ambos coexisten sin mirarse a la cara. Ambos avanzan por caminos diferentes en un mismo barrio.

Uno sueña y el otro no.

Uno pasa hambre y el otro no.

Uno pasará frio este invierno y el otro.

Uno celebrará esta navidades y el otro no.

Pero si el normal levantará la cara y mirase a el invisible sentiría la vergüenza, de saber que en su mesa, siempre cabe un plato más de comida y unas palabras de animo para el desalentado.

Es una actitud, es un modo de vida, la de siempre estar abierto a ayudar a el prójimo. No toda la ayuda debe ser dineraria. Muchas veces, unas palabras de aliento hacen mucho más que un puñado de monedas. Se trata de estar siempre dispuesto.

La caridad silenciosa, sin alaracas, ni golpes de pecho. Hecha desde la intimidad de cada uno, refuerza el alma camino de una una iluminación interior que te ayudará a dar sentido a tu existencia.

Ya los dijo uno de los mejores poetas del mundo:

“Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar. “

Siempre debemos ir en nuestro vagón de tercera, duro como una piedra, ayudando a los demás.

Esto es lo que lleva desarrollando desde hace años la “Asociación Tardor”, sin ruido pero con mucha acción.

Siempre se puede llamar a su puerta y una sonrisa de bienvenida te recibirá.

Ayudan pero debemos unirnos para que avancen más. Siempre lo harán, pero muchas manos convierten los granos en arena y esta creará una de las calas más bonitas de Mallorca; La cala de la solidaridad.

Para construirla, las posibilidades son múltiples. Pero una de las más fáciles y efectiva es la donación de 1€ al mes. En este enlace puedes hacer realidad, lo que necesitan muchos hermanos hoy en día, un poco de pan, hospedaje digno y palabras de consuelo.

https://www.teaming.net/centrodediaycomedorsocialtardor?lang=es_ES