Misterio sin resolver. Se perdieron, nadie los encuentra y todos los buscan.
Son clásicos de la literatura universal que no se deben perder, ya que un cuento siempre contiene una enseñanza, una moraleja, un consejo, una práctica de la vida.

El primero es “Caperucita roja”.

Lleno de mentiras y patrañas justificadas en el mismo, que llevan a un final desastroso. Contiene gran violencia que es anunciado por la caperuza roja, color que simboliza la sangre y la violencia.

La niña hace caso omiso de las indicaciones de su madre, a pesar que le advierte de los peligros del lobo. No los tiene en cuenta y dialoga con el mal, coquetea con el peligro y entra en su juego.

Lo que permite al lobo, asesinar a su abuela. Una vez cometido el parricidio. Volvemos al juego del maligno, que se disfraza de apariencias que simulan algo para volver a conseguir nuevamente su objetivo de muerte con la niña.

Una vez acontecido el fatal desenlace, aparece la figura del cazador que mediante la fuerza nuevamente, mal con mal, termina con el lobo y libera las dos vidas.

Pero queridos pequeñines como bien sabéis. Y si no lo sabéis, lo aprenderéis aquí. La muerte es final, cambio, otra etapa.

Pero lo que si sabemos es que no se puede volver a una vida terrena nuevamente.

Recordar:”polvo eres y en polvo te convertirás”. Y así es y así será “in eternum”.


El segundo cuento que perdí es el de “los tres cerditos”.

Más acorde con la vida real y menos fantasioso. Premia la voluntad, el trabajo bien hecho, el esfuerzo. Algo que sabemos desde nuestro nacimiento, que con el sudor de nuestro trabajo, conseguiremos el pan para alimentarnos y llevar una vida digna.

A pesar de que los cerditos perezosos no hicieron bien su labor y se burlaron de su hermano hacendoso. Este los acogió cuando estaban en la calle y les preservó la vida, que a diferencia claramente de la vía sin retorno de la muerte, muestra un perdón y una oportunidad cuando se comete un error intencionado.

Y el último y el más dramático cuento es de: “Hansel y Gretel”.
Antes las penurias económicas de unos padres, deciden abandonar a sus hijos pequeños a su suerte.

Para ser más exactos, el padre presionado por su nueva concubina, que es la madrastra de los hijos, deciden abandonarlos a pesar de que los envía a una muerte segura en el bosque.

La procreación irresponsable es un mal de la humanidad. Se deben tener hijos para quererlo y cuidarlos. En el caso de que sean fruto del accidente y no queridos, deben ser entregados al custodio civil para que se encarguen de su correcta educación.

Una vez cometida la atrocidad del abandono de los padres. La fortuna e inteligencia de los niños, les devuelven al hogar para dar una segunda oportunidad a los progenitores, pero no sirve de nada y los vuelven a abandonar.

Una vez perdidos en el bosque. Aparece de nuevo el “maligno”, que en forma de casa de pastel y de vieja conciliadora vuelve a engañarlos con falsas promesas.

Rápidamente se les presenta la realidad de una próxima muerte anunciada. Pero de nuevo el ingenio les salva del fatal desenlace y mal con mal, asesinan a la malvada vieja. Le roban el dinero y consiguen encontrar al padre arrepentido, que ahora sin la madrastra y con el dinero que le entregan los hijos, simulan convertirse en una familia feliz de por vida.

Como habéis comprobado en estos tres cuentos para niños, las enseñanzas son de una gran crudeza, que es asimilada de forma dulce mediante un tono conciliador en la lectura y una continua justificación del relativismo.

A quien la interese profundizar en la imposición del relativismo en contra de la verdad, les recomiendo empezar por aquí: