Llegue directamente al mal. Atravesamos la puerta, ante la sorpresa de los soldados alemanes que se encontraban  en el rellano de la escalera.

  • “Abraham tu familia está contigo y te protegeremos”. No lo escuche, lo sentí. El chico permanecía a mi regazo, dándome la mano con la cabeza gacha.

Esta era mi primera experiencia hecha carne, después de mi muerte. Podía sentir a los muertos.

-“Tranquila baja la escalera con el muchacho. Ya no os pueden hacer nada”. Nosotros os protegeremos”.

Fui bajando la escalera. Las “ratas del diablo” nos disparaban, pero las balas no nos llegaban. Ante el asombro de los soldados, un oficial nazi, sacó su machete y se dirigió hacia nosotros.

  • “No temas, somos la familia de Abraham”.

Se tropezó en su encolerizada carrera y se despeñó por el hueco de la escalera. Ante tal acontecimiento vino la paz. Abraham y servidora, bajábamos las escaleras que nos quedaban para llegar a la entrada del edificio con una paz y tranquilidad que nos la daban el sacrifico de los muertos recién fallecidos. Sus almas se proyectaban en el presente, impidiendo que nada malo nos ocurriera. Era una sensación nueva. Podía sentir en primera persona el apoyo y la serenidad de los muertos de Abraham.

Sin venir a cuento. Me acordé de mi final. Como mi pobre marido me reventó el cráneo cuando le era infiel. Después de aquello, no me proyecte en nadie. Me imagino que no tenían con quien.

Una vez en la calle éramos como invisibles. Atravesamos todo el parque móvil de los “Nazis”, sin que nadie nos mirase.

Esa noche nos dio cobijo el padre Carol en la Iglesia San Carlos Borromeo de Viena, que de culto católico, aunque los fondos para su construcción fueron entregados forzosamente por el pueblo judío en 1713. Una vez terminada, su primer párroco el Padre Mundini, creó lo que se conoce como la “justicia terrena”, que es un área secreta, propiedad del  pueblo judío. Bajo el escudo del catolicismo, puedes entrar en un segundo plano, donde el mundo sefardí, encuentra un remanso de ayuda y de paz para todos sus fieles.

Sabía que la salvación de Abraham, no era en vano. Algo hará o impedirá en el futuro que le dio la gracia de la liberación de la muerte. Mi pequeña misión inicial había terminado. Ha sido demasiado fácil, con la entrega del muchacho al Padre Carol había terminado mi misión. Una vez comience el alba, me tele trasportaré a mi garito de melancólicos en el desierto de Atacama, Chile.