No Señoría. Esto es mucho más complicado de lo que pudiera parecer.
Aquí hemos llegado por la alteración de múltiples variables, entre ellas, las acciones de Lola la “cachonda” y María la “estafeitor”.

-No entiendo nada, de lo que usted dice.

– No me extraña Señoría, es difícil de entender y también de creer. Muchas veces hecho la vista atrás cuando la vida era aparentemente normal.

Trabajaba en la “Meridional” un garito en el desierto de Atacama, Chile, donde solo llegan melancólicos y narcos enfurecidos.

Para empezar no es un bar, ni un lugar de ocio, es un local entre la noche y el día, cuando el culmen del sueño alfa llega a su grado máximo, el ser humano llega a un estado cognitivo en el que entra en nuestro hogar.

En caso contrario somos parte del paisaje, estamos en la duna 67 de la nada material.

Como le decía, son muchos los suicidas que terminan sus días en el desierto. Aquí les llamamos los melancólicos, ya que miran al infinito y dudan mucho para pedir.

Mi jefe “Peter Pan” el marrano en una ocasión le sacó el alma a un melancólico que llevaba más de cuatro días entre sirope de arándanos o chocolate para sus tortitas de merienda.

También la farlopa circula mucho por estos lares. Somos el inicio del camino de la nada, donde el cero se convierte en “C17H21NO4” por unos cocineros muy peculiares. Se les llama los “Zares de la filantropía”.

Y que tiene que ver: “La Tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio”. Con la puta cocaína.

Señoría, eso es otra historia. Si me paro ahora en banalidades, nunca avanzaremos en esta narración.

Mi trabajo era simple y complicado a la vez. Por un lado atendía a los clientes que entraban en el garito y por otro desmontaba “el mandala del mal universal”.