Los muros de nueve metros de espesor del Torreón de Nicolás V cobijan la fortaleza medieval donde se encuentra el IOR. Es una institución que controla un patrimonio estimado en unos 5.000 millones de euros a través de unas 19.000 cuentas y depósitos bancarios, ahora en el punto de mira de la justicia italiana: la fiscalía de Roma abrió en el 2010 una investigación contra el Banco Vaticano por una operación sospechosa en la que podrían haber lavado 23 millones de euros y la fiscalía de Salerno investigaba al Nunzio Scarano, responsable del servicio de contabilidad del dicasterio que gestiona los bienes del Vaticano, por otro posible delito de lavado de dinero.

Paolo Rafaelle Rosi Carbone era el director de Golman Sacs Milan, personaje clave en el lavado de dinero de los Legionarios de Cristo y colaborador habitual del Padre Mateo cuando estuvo destinado en Roma. Residía habitualmente en Milán, pero esta semana tenía una reunión en Roma con Paolo Cipriani director del IOR.

Quedé con mis dos colaboradores en una cafetería de la vía Véneto de Roma. Ante mi sorpresa, uno de los “hijos de la luz” no era hijo, sino hija. Aspecto que me daba absolutamente igual; es más, siempre las mujeres tienen más recursos para salir de situaciones incómodas.

Organizamos el plan de abordaje a Paolo Rafaelle. En principio, mi intención era asaltarle en la habitación del Hotel Emperador de Roma, pero mis ayudantes me hicieron desistir de esta estrategia, ya que la vigilancia del hotel era realmente profesional y llamaríamos pronto la atención.

Optamos por un “secuestro exprés” del directivo en pleno tráfico romano .Por otro lado, tenía la intención de poder acceder al nuevo Papa. Tarea realmente complicada, pero necesitaba intentarlo. Buceando en la familia de los Bergoglio, pronto encontré a una sobrina suya, Cristina Bergoglio. Arquitecta, había desarrollado su visión plástica, literaria y científica desde temprana edad. Durante sus estudios de arquitectura, comenzó a exponer sus visiones de espacios diseñados por ella misma en diversas salas de su ciudad natal. Interesada sobremanera en el trabajo de los arquitectos mexicanos Luis Barragán y su discípulo Ricardo Legorreta por la mística de estos espacios, envió sus proyectos, dibujos y textos al despacho de este último arquitecto, quien en México instó a Cristina a dedicarse a la pintura y a la literatura en Europa. Le mande un email solicitándole una entrevista.

Había quedado con mis compañeros de operativo en que ellos serían los que interceptasen el vehículo del directivo milanés. Yo les esperaría en un apartamento alquilado de muy mala reputación en un edificio en el centro romano, conocido por todos como el “picadero” oficial de Roma. Apartamentos arrendados desde cuatro horas, donde las necesidades más básicas de la capital italiana son saciadas. No llamaríamos la atención, ya que desde el amplio aparcamiento interior te dirigías directamente a la puerta de entrada de los apartamentos sin tener ningún contacto con nadie en el interior. El apartamento se reservaba antes de la estancia, vía pagina web mediante tarjeta de crédito.

Todo el piso estaba a oscuras. Me encontraba sentado en un sillón al lado de la enorme cama de matrimonio que empleaban para el “fornicio”.

Los dos compañeros entraron violentamente arrastrando al directivo, al que tiraron encima de la cama. Debió de haber algún forcejeo, ya que sangraba por la ceja izquierda.

-Bairos, estamos en el parking esperando tus indicaciones. Ya nos dirás.

-Ok, compañeros.

Le até las manos al cabecero de la cama. Permanecía totalmente inmóvil. No hubo ningún tipo de forcejeo o resistencia. La impecable camisa tenía el cuello manchado de sangre. Todavía un hilillo de sangre le brotaba de la ceja. “Buenas tardes, Paolo. Le pido disculpas por las formas en las que ha sido trasladado. Pero, créame, es absolutamente necesario que pueda hablar con usted”, le dije.

No contestó. Tan solo me miraba a los ojos, sin perturbarse.

-No sé si recuerda al Padre Mateo. Hace unos años estuvo destinado en Roma para organizar con su empresa los dineros de los Legionarios de Cristo.

-No le conozco, señor. Tan solo llevo ocho años en mi puesto. Le debe preguntar a mi antecesor, Carlo Moranta, el anterior director de la oficina.

-Pero sabrá a lo que me refiero…

-Mire, señor. No le conozco, ni quiero conocerle, pero le diré que las cosas han cambiado mucho. Ya no se emplean los mecanismos del pasado. Los controles han aumento mucho. Estamos viviendo otra etapa completamente diferente. El IOR está en siendo observado por todos lados. La ventaja de opacidad absoluta del pasado ha mutado hacia una transparencia cristalina, donde no se mueve un euro sin que haya veinte firmas válidas.

-¿Sabe dónde puedo encontrar a Carlo Moranta?

-Es bien sencillo. Está jubilado en Ragusa, un pueblo de Sicilia.

-Señor Paolo, le pido mil disculpas por mi atropello. Si no hubiese sido absolutamente necesario, nunca hubiese empleado estos métodos para poder acceder a usted. Puede marcharse. Sí, le recomiendo discreción absoluta. Nunca nos hemos visto.

-Ya se lo he dicho: ni le conozco ni quiero conocerle.

Le dejé marchar. Avisé al operativo para que no interviniese. Me había precipitado completamente. Había siso un error de principiante, no asegurarme previamente de quién era el objetivo real.

Das información de forma gratuita a quien no debes. Debilitas tu posición. No estaba especialmente orgulloso de mi acción con Paolo, pero la tortura a la que fui sometido había creado una enorme ansiedad en mi interior que me pedía que cerrara esto de una vez por todas. No creía que pudiera aguantar mucho más.

Volví al hotel dando un paseo. En breve iría a visitar a Carlo Moranta, pero antes quería asistir al Ángelus del nuevo Papa en la plaza de San Pedro.