Volví  Madrid. Me trasladé por prudencia unas semanas a mi estudio en el polígono, hasta que pudiera rendir cuentas con Álvaro. Sabía que no había vuelta atrás.

Será complicado localizarle, ya que siempre va varios pasos por delante de mí. Siempre conocía todos mis movimientos y seguramente supiese de la existencia de mi refugio. No me quedaba otra que esperar.

Estaba agotado física y mentalmente. Nunca me podría haber imaginado que el asesinato del pobre Padre Julián podía a ver desembocado en esta locura de sangre y venganza. Dormía, leía, hacia ejercicio en mi habitáculo, con tan solo unas pocas visitas para comprar comida al súper de la gasolinera.

Al quinto día, decidí ir a dar una vuelta al centro. No tenía noticias de nadie. Amigos y allegados, aunque pocos son los que tengo, nunca saben dónde estoy a que me dedico. Les he educado desde hace años a mis continuas desapariciones del mapa. Lo único malo de esto, es que con el camino que estaba tomando mi vida, aparecería en la crónica de los periódicos o nunca más nadie sabría de mí.

Me fue a cenar a “Lubora”, un restaurante en la calle Edgar Neville, donde ponen unas raciones en barra espectaculares. Se tiene bien ganado el galardón de los “mejores callos de Madrid”. Me vacié una botella de “Rueda” yo solito para más tarde, darme un paseo por la calle Orense.

No me dio tiempo, ni a llegar a los bajos de Orense a tomarme algunas copas, cuando un señor mayor me cogió del brazo y de manera muy discreta me dijo:

  • Bairos tenemos que hablar.
  • Usted dirá. Le conteste.
  • Si te parece bien. Vamos a mi apartamento y le cuento.

Cogimos un taxi y nos dirigimos a la Torre “Colon”. En la recepción le recibieron por el Señor Piamonte.

Entramos en un apartamento que tenía en la entrada, en una placa el logotipo del “Vaticano”.

La terraza era espectacular, daba al Paseo de la Castellana y las vistas de la Plaza Colon eran inigualables.

  • Señor Bairos, no sé por dónde empezar.
  • Por donde usted quiera, estoy muy cansado. Tan solo un buen “gin tonic” con mucho hielo, me dará la paciencia.
  • Lo que le voy a contar es más viejo que la propia historia de la Iglesia Católica. En definitiva es la eterna lucha entre el bien y el mal.

La Iglesia siempre ha estado formada por personas. A pesar de la supuesta divinidad del Papa, es un reino de debilidades humanas, donde el mal encuentra demasiado fácil su guarida para campar a sus anchas.

Siempre pasa igual, pueden pasar siglos, donde el “maligno” se instale en Roma, hasta que en un determinado momento, todo cambia de repente.

Ahora se está produciendo ese cambio, que empezó con el Papa Benedicto XVI, tan injustamente tratado. Si hubo una puerta hacia la luz, está fue abierta por él. No tuvo fuerzas físicas para continuar con la misión, pero rápidamente, cedió el mando a la sabia providencia que nos trajo a Bergoglio.

No esta simple como una persona o un líder de una Iglesia. Es un momento de cambio que elige la “divinidad”, para intentar recuperar algo del estado de pureza innato del “hombre universal”.

Ya estamos en marcha. Se está cambiando todos los días muchas estructuras que llevan siglos podridas por el “Maligno”.

Si Señor Bairos. “El maligno”, “el demonio”, “satán”, el mal existe y se encuentra presente en este mundo en innumerables presencias humanas. Muchas de las cuales no son conscientes, actúan en contra de la voluntad del alma de sus propietarios.

Sé que es difícil de entender, hasta que no lo ves con tus propios ojos. Es la no voluntad, manipulada por un entorno de “gnosticismo” implantado y presente en este mundo.

Ya lo decía la encíclica de Leon XIII Humanus Genus:

“ El género humano, después de apartarse miserablemente de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, por envidia del demonio, quedó dividido en dos campos contrarios, de los cuales el uno combate sin descanso por la verdad y la virtud, y el otro lucha por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad. El primer campo es el reino de Dios en la tierra, es decir, la Iglesia verdadera de Jesucristo. Los que quieren adherirse a ésta de corazón como conviene para su salvación, necesitan entregarse al servicio de Dios y de su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad. El otro campo es el reino de Satanás. Bajo su jurisdicción y poder se encuentran todos lo que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, se niegan a obedecer a la ley divina y eterna y emprenden multitud de obras prescindiendo de Dios o combatiendo contra Dios. Con aguda visión ha descrito Agustín estos dos reinos como dos ciudades de contrarias leyes y deseos, y con sutil brevedad ha compendiado la causa eficiente de una y otra en estas palabras: “Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la ciudad celestial”. Durante todos los siglos han estado luchando entre sí con diversas armas y múltiples tácticas, aunque no siempre con el mismo ímpetu y ardor. “

El gnosticismo está presente en nuestro mundo, que parte de la base de que hay un saber oculto transmitido oralmente para grupos de iniciados, que se les transmitirá este conocimiento para convertirles en superiores al resto de mortales, que incluso se podrán redimir sin la necesidad de un “Mesías salvador”. El hombre se redime a si mismo a través de unas claves esotéricas que van dando estos conocimiento gnósticos.

Querido Bairos, el gnosticismo es intrínsecamente perverso, hay un claro intento de engañar, ya que los primeros gnósticos señalan que Cristo había transmitido dos mensajes, el del evangelio y otro más profundo para un círculo intimo de iniciados. Este gran engaño no es solo cristiano, sino también es judío que viene de la “Kabalah”, con la versión de que nos es Cristo sino Moisés, quien dio a conocer al pueblo los 10 mandamientos