Ya teníamos un nuevo Papa. El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, fue elegido por los 115 miembros del Colegio Cardenalicio durante el segundo día del cónclave, convocado tras la renuncia de Benedicto XVI. El nuevo pontífice, que escogió el nombre papal de Francisco en honor al “santo de los pobres” san Francisco de Asís, era el primer Papa originario del continente americano y el primer jesuita que encabezaba la iglesia católica.

Sabía que todas las respuestas se encontraban en Roma. Pero era bastante arriesgado moverme solo. Necesitaba poner en marcha a los “hijos de la viuda”, un grupo de mercenarios que sólo empleé una ocasión en mi vida. Agentes operativos part-time que trabajan en misiones muy concretas con sedes independientes, a modo de cedulas durmientes, en todas las partes del mundo.

El mecanismo era muy sencillo. El supuesto organizador de la red, “Jakín”, recibía la petición y te ponía en contacto con el colaborador en la zona que indicaras. No tenía otra opción.

Había organizado un operativo de dos especialistas en Roma para que me cubriesen las espaldas.

Trasladarme en coche era la mejor opción. Nuevamente mi amigo Imanol puso un vehículo a mi disposición.

-Querido Imanol, será la primera y la última vez que tenga que pedirte ayuda.
-Bairos, nunca olvidaré que salvaste la vida de mi hija y la mía. Lo que necesites y cuando lo necesites.
-Gracias, amigo.

Nos fundimos en un enorme abrazo. Casi se me saltaron las lágrimas.

En el viaje no hubo ningún incidente. Conducía un Audi A8 con matrícula francesa. Las horas en carretera me ayudaron a establecer una pequeña estrategia para poder finalizar esta misión.

Me hospedé en la residencia Paolo VI, que ubicada en un antiguo monasterio en pleno centro de Roma, junto a los muros del Vaticano, y que ofrecía una terraza en la azotea con vistas panorámicas a la plaza de San Pedro.

Allí en la terraza es donde me encontraba reflexionando sobre hacia dónde me llevaría esta locura. La muerte de María, la involucración del CNI en el caso. El archivo con el movimiento del dinero de los Legionarios de Cristo pondría en un gran aprieto a la estructura de la iglesia católica nuevamente. Por otro lado, el nuevo Papa parecía ser un soplo de aire fresco con voluntad de cambio.

Estaba destrozado desde lo de María, algo se había roto en mi alma. Su muerte se unía a la de Esther. En demasiado poco tiempo habían matado a dos mujeres inocentes que amaba profundamente. No sé lo que me ocurría. Se me iba la cabeza pensando en ella. Además, me gustaba recordar nuestras conversaciones, su olor, su tacto y sobre todo el tono de voz, que fue lo que me enamoró desde el principio. Me encantan los tonos de voz femeninos que me susurran al oído.