Imanol Zumalacárregui fue un simpatizante de ETA por los años 70. Nuestro caminos se cruzaron cuando en una redada de un caserío vasco en Hernani detuvimos a un comando militar. Yo estaba terminando la inspección de la casa y bajé a comprobar el sótano. Todo estaba lleno de aperos del campo, pero al final del sótano, justo a ras de la pared, donde aparecía un pequeño ventanuco hacia el exterior,había una manta que cubría una motocicleta verde marca “Rieju” que tenía rotulado: “campeona del mundo, año 1974”. Me quedé un rato observando la motocicleta, que estaba impecable, pero al final del sótano, en la dirección contraría, oí los tosidos de un joven. Desenfundé mi arma reglamentaria y observé cómo debajo de una alfombra mugrienta parecía haber alguien en un zulo situado en el suelo.

Efectivamente, había un contrachapado de madera.Al abrirlo nos encontramos cara a cara Imanol y yo,apuntándonos con nuestras respectivas armas. Le acompañaba una niña que no creo que llegase a los cuatro años, con la cara muy colorada y congestionada. Fueron unos segundos terribles. Yo sabía que no se iba a dejar detener. Iba a ser una carnicería. Permanecimos varios segundos en silencio.

-¿ Todo bien allí abajo, Varea?-, me gritó el compañero guardia.
-Sí, todo perfecto, sólo hay mierda y ratas por aquí.

Cerré silenciosamente el contrachapado y abandone el caserío.Al cabo de los meses recibí un sobre en el cuartel de la Guardia Civil de Bilbao, donde estaba destinado por aquel entonces, con una nota por la que se me agradecía el gesto y se ponía a mi entera disposición para echarme una mano en lo necesitará. Si acudía alguna vez a él en busca de ayuda, debería alertarle con la clave: “el hijo de la viuda te esta buscando”.

Le fui siguiendo a lo largo de los años y ahora tienen un honorable bufete de abogados, donde defiende todavía la causa independentista.

Llegué a Bilbao. Rápidamente me deshice del BMW robado en Burgos. Era sábado por la mañana y el bufete seguro que estaría cerrado. Me alojé en una pensión del centro en espera del lunes por la mañana. Antes pasé por una farmacia y supermercado para poder aguantar hasta el lunes.

El lunes por la mañana me encontraba desnudo frente al espejo. Debía de tener una infección interna en los genitales, ya que padecía fiebre y presentaba muy mala cara. Necesitaba la asistencia de un médico con carácter de urgencia. Pero ya pronto me pondría en contacto con Imanol.

Le entregué a la chica de recepción una nota con la clave y el número del móvil que acababa de comprar. Le dije que era muy urgente.

-Varea, soy Imanol. ¿En qué puedo ayudarte?
-Estoy bastante jodido y necesito asistencia sanitaria de forma inmediata. Me buscan.
-Dime dónde estas y paso a recogerte.

Me llevó a un caserío familiar propiedad de su mujer. Pronto llegó un facultativo que insistió en que debía ser ingresado de forma inmediata.

Les dije que era completamente imposible o sería hombre muerto en cuestión de horas.

La convalecencia fue dura. Imanol dejo a Alina, una criada rumana suya a mi cargo. Me cuidó mejor que a su familia. Fueron días duros, que gracias a las charlas con ella se pasaron mejor.

Le comenté a Imanol que necesitaba a alguien de confianza en Madrid. En el apartamento del polígono tenía varios pasaportes y efectivo para circunstancias como en las que me encontraba. Me dijo que iría él personalmente, aprovechando algún viaje del bufete.

Habían pasado 45 días desde mi ingreso en el caserio. Ya me encontraba bastante mejor.