Cada vez que avanzaba en este caso, más sorprendido estaba. El Padre Marcial Maciel tiene un hijo. Joder con Maciel, ¿cómo se puede estar engañando tanto tiempo a la Iglesia? ¿O será que el archivo que tengo en mi poder es el que lo acalla todo?

Me parece que cuanto más lejos llegue, con más ímpetu empezaré a abrir puertas que a mucha gente le interesan que permanezcan cerradas. Creo que esto es demasiado grande para mí. Lo que empezó como un ajuste de cuentas por el pobre Padre Julián se está convirtiendo en una cloaca demasiado repugnante.

Estoy seguro que la Banca Mas y el Padre Maciel hicieron negocios en el pasado. Debieron ser importantes para que el padre de Jorge pueda disfrutar de semejante cargo sin tener ninguna capacidad profesional.

Podía haber llamado para asegurarme a mi amigo el comisario Nadal, en Palma, pero me parecía perder el tiempo. Seguro que me lo corroboraba.

Solo pesaba 574Kbs y demostraba todas las sucias operaciones de Los Legionarios con el IOR vaticano. Demasiado claro era todo. Yo continuaba vivo y eso no me cuadraba. Viendo cómo funciona esta gente, me deberían haber eliminado desde el principio, tuviese o no el archivo. Les hubiese sido bastante fácil.

-¿Cómo estás, querido?-, era la llamada de María.
-Bien, como siempre, trabajando un poco.
-¿Pudiste confirmar lo que te dije de la profesora del colegio?
-Me parece que es cierto al cien por cien, después de las averiguaciones que he realizado.
-Joder, qué fuerte. Vaya con doña Paloma. Bueno, ya hablaremos más tarde. Te apetece que cenemos algo juntos.
-Perfecto, me vendrá bien para aclararme un poco.

Quedamos en la terraza del Ayuntamiento de Madrid, el antiguo edifico de Correos, para tomar una cerveza antes de la cena. Tiene una vistas espectaculares de La Cibeles y del principio de la Gran Vía. El tráfico es infernal. Es curioso observar cómo todos los coches y las motocicletas circulan demasiado juntos unos a otros, pareciendo que van a chocar entre ellos. Pero en el último momento un frenazo impide la colisión.

María me contaba el día que había tenido, pero yo no hacía demasiado caso. Mi cabeza era un hervidero que no paraba de dar vueltas.

-No me pongas tanto interés, que me voy a emocionar.
-Perdona…
-¡Despierta, chaval! Planeta tierra: María esta a tu lado.
-Sí, sí. Perdona…¿Decías?
-Uf, no tienes solución, mejor vamos a cenar. No tiene sentido…

Estaba atontado. Nos fuimos a cenar a una taberna detrás del Hotel Palace. María estaba bastante comprensiva conmigo, pero la pobre no me podía ayudar ni sabía “de la mis a la media” sobre lo que se estaba cociendo. Intenté ser lo más agradable posible, pero se me debía ver en la cara que no estaba donde debía.

-Te iba a invitar a dormir a mi casa, ya que mis padres se han ido de vacaciones. Pero creo que no será una buena idea.
-Sí, tienes razón. Te acompañó al parking.

Yo había ido en metro para evitar posibles seguimientos. María tenía aparcado su coche en el aparcamiento de la plaza de Neptuno. Fuimos a la tercera planta. Cuando nos faltaban apenas tres metros para llegar a su utilitario, empezó el rock&roll.