Colocar un par de micros en el dormitorio de los Pereira no fue una tarea complicada.Me fui a la nave de San Sebastián de los Reyes, donde estaba la sede de “Tossil” en España. Pregunté en la entrada por Jorge Pereira. Pronto me contestaron que estaba reunido. Sino tenía cita previa, debía concertarla a través de su secretaria. “Señorita, no tengo cita previa, pero dígale que vengo a aclararle el viaje de su madre a México con los Legionarios de Cristo. Verá qué rápido me recibe”, alegué.

Efectivamente, en unos minutos estaba entrando en su despacho.

-¿Otra vez usted? Joder, ¿no le dijo mi padre que no teníamos ni idea de dónde estaba ese puto cura?
-No, Jorgito. Vengo por otro motivo.
-No me llame Jorgito o le meto un par de hostias.
-Qué agresividad, chaval. Tranqui, que tan solo va a ser un momento.
-Usted dirá.
-Mira, Jorge, lo que vengo a decirte es un poco incómodo y afecta a tu intimidad, pero creo que ya va siendo hora que sepas la verdad.
-Soy todo oídos.
-¿Cuántos años tienes?
-34. ¿Y eso qué importa?
-Mira, hace 34 años tu madre, como bien, sabes realizó un viaje un viaje a México y volvió embarazada.
-Fuera de aquí inmediatamente, hijo de puta.
-Bien, me voy. Por lo que veo, ya sabes quién es tu padre.
-¡Fuera! ¡Y como le vuelva a ver, va a tener serios problemas! ¡Fuera!

Ahora empezaba lo bonito. Jorge iría a sus padres para pedirles explicaciones y esperaba que los micros del dormitorio funcionaran. Y esa misma noche ya estaba escuchando la conversación entre Paloma y el padre de Jorge.

-Joder, Paloma, te lo dije. Se lo debíamos haber aclarado hace años.
-Sí, igual tienes razón. Pero mira, por fin se ha enterado. Con la edad que tiene, no creo que tenga grandes traumas. Se lo hemos dado todo. Y querido, respecto a ti,mírate ahora y mira cómo estabas. No tenías ni un puto duro y ahora, desde tu puesto en Banca Mas, nadamos en la abundancia. Tan solo fue un polvo de nada con ese pervertido.
-No me quejo, pero me da miedo que se pueda poner en contacto con él.
-Imposible. Benedicto le mandó de retirada a un monasterio a que purgase sus pecados. Es drogadicto perdido. En breve estirará la pata.
-Bueno, sigue sin gustarme la situación.
-Tranquilo, nada malo nos pasará ya. Ten en cuenta que Jorge es un secreto demasiado valioso que puede hacer demasiado daño a los Legionarios de Cristo y siempre nos cuidarán.
-Nunca mejor dicho: “Que Dios te oiga”.