-Bairos, buenos días.¿Te he cogido durmiendo?
-Creo que sí, inspector Nadal. A las siete de la mañana suelo estar en el sueño alpha.
-Bueno, espabila, que lo que te voy a decir no creo que te guste.Se han cargado a tu colaborador.
-¿ De qué colaborador me habla?
-Del informático. No me acuerdo como le llamabas.Mr…
-Mr. Chip.

Un largo silencio dejo la línea telefónica muda.
-¿Cómo ha sido?
-Una carnicería. No han respetado a los padres. Han eliminado a todos. El comisario Ballesta te espera en la comisaría de Tetuán. En la escena del crimen hay algo que pone tu nombre. Te quería avisar antes de que vayan a por ti.
-¿Algo? ¿Qué coño es ese “algo”?
-No lo sé, una nota para ti o algo así.
-Muchas gracias, inspector Nadal. Me voy a la comisaría.
-No, mejor llama antes al comisario Ballesta, que creo que todavía esta en casa de los padres.
-Muy bien, eso haré.

Efectivamente, el comisario Ballesta me citó en la vivienda de los padres. Me informó de que cuando estuviese en la puerta del edificio preguntase por él, que iría en mi busca.

Me encontraba detrás del cordón policial cuando un hombre cincuentón con cierta tripita y aires de importante me indicó que pasase.

Sí que había sido una carnicería. Los padres de Mr. Chip yacían en el cuarto de estar con sendos balazos del 22 mm en la cabeza. En la habitación de él. Por Dios, no sabía ni su verdadero nombre. Se llamaba Alfonso Bravo, era licenciado en Informática por la Universidad Autónoma de Madrid y tan solo contaba con 26 años. Y ahora estaba muerto por mi culpa.No sé que pollas hago en la vida, que al final mato a todos los que me rodean.

El cuerpo estaba crucificado en la pared. Le habían puesto unos enormes clavos en las manos, mientras el resto del cuerpo estaba tendido contra el suelo. La cara tenía numerosas heridas, indicio de que había sido torturado previamente. En la pared, pintado con su sangre, se leía:

“ JM Varea
Redit, quod terminus sursum ininfernumseuestuyo”

“Devuelve lo que no es tuyo o terminarás en el infierno”.

El comisario Ballesteros me tuvo hasta las ocho de la tarde en la comisaria. Le comenté que Alfonso había sido colaborador mío durante varios años, que no entendía el asesinato, y menos todavía el mensaje pintado en sangre.

Estaba abotargado. No me podía creer que el pobre muchacho estuviese muerto. Sabía que seguían mis pasos, pero no me podía imaginar que el tema se estuviese poniendo tan serio.En cuanto salí de comisaría, la llamada de Álvaro no se hizo esperar.

-¿Pero en qué pollas estas metido ahora?
-Lo siento, Álvaro. Es un tema personal que sólo yo debo resolver.
-¿Pero no decías que estabas encantado con tu triste vida de taxista?¡Joder, si no paras, cabrón!¡De lío en lío!
-Ya, ya, perdona. Mira, me duele la cabeza una barbaridad. Sólo me quiero ir a casa, darme una ducha y pensar.
-“Congelado”. ¿Te lo esperabas?
-Sí, cómo no. No te preocupes.

Alvaro Cortó en seco la comunicación, parecía que le habían echado un buen rapapolvos por mi culpa. “Congelado” significa “fuera”, apartado de “la casa” hasta nueva orden. Siempre que había incidentes personales que pudiesen interrumpir tu trabajo pasabas a estar “congelado”.

Me metí en el metro, me asegure muy bien de que nadie me seguía y en vez de ir a mi casa me dirigí a un pequeño zulo que tengo en un polígono industrial en la carretera de Burgos que utilizó para cuando las cosas se ponen muy feas.Ballesteros me exigió que tuviese el móvil abierto las 24 horas del día.

Estaba bastante despistado. Llamé a Nadal a ver si me podía dar más detalles de la muerte de la familia. Me comentó que había sido realizado por un especialista. No había síntomas de haber forzado la cerradura. Primero asesinó a los padres de forma muy limpia con un 22mm con silenciador, para más tarde encargarse del pobre de Alfonso.

Me imagino que no aguantaría mucho el interrogatorio. Seguro que cantó todo y esperaba que hubiese eliminado el archivo BOAZ, como le dije. Ahora quien me buscaba sabía que tenía el archivo.