Necesitaba urgentemente a un asesor financiero que me explicase la maraña de la Excel. Lo de las violaciones de los seminaristas era una práctica habitual de los Legionarios de Cristo que había sido denunciada en innumerables ocasiones. Por lo que me había documentado, ya habían llegado numerosas cartas de denuncia al Vaticano que fueron obviadas en la época de Juan Pablo II, pero parece que el Papa Benedicto estaba poniendo orden en este asunto. Apartó del ministerio público a Marcial Maciel, el fundador. Le ordenó retirarse a rezar y le prohibió ejercer como sacerdote después de todas las sospechas de abusos sexuales que pesaban sobre él.

Pero respecto a los temas económicos, nunca se abordó el asunto. Se sabe que recibieron numerosas donaciones de feligreses, pero por lo que parece nadie en el Vaticano ejerció nunca una investigación.

Dentro de mi circulo más cercano, no conozco a ningún profesional  del mundo financiero a este nivel. Debería pedir consejo a mi buen amigo Borja, gestor de un fondo de valores que se desenvuelve bastante bien en este mundillo.

Después de los repetidos consejos para que abandonase el tema, Borja me recomendó a Don Francisco Espinosa de los Monteros, grande de España y una de las mejores asesorías fiscales de este país, colaborador habitual de “la casa” en casos de delitos financieros.

Me recibió en sus oficinas de “El Viso” madrileño, un antiguo chalé de tres plantas en la calle Serrano, esquina con la plaza de Los Delfines. “Espinosa de los Monteros Corporate” gestionaba los patrimonios de lo más glamuroso de la sociedad española. Sus relaciones con el poder le daban un halo de olor a limpio que maquillaba toda la mierda en la que estaba metido.

Con una pompa, propia de los ingleses de principio de siglo, la secretaria espectacular me abandonó en la sala de juntas, donde don Francisco me recibiría en breve.

Gomina, zapatos de piel de potro de 500 euros de Carmina Albadalejo.

Entré es su despacho, cuando estaba terminando una llamada telefónica.

–    Todo fenomenal, dale recuerdos a Luís…
–     Señor Varea en que puedo ayudarle.

-Como bien sabrá, trabajo para ese club, que también nos da de comer a los dos. Todo lo que le voy a consultar es sumamente delicado y espero su confidencialidad absoluta.
-Delo por hecho, señor Varea, es parte de mi trabajo.
-Mire, le voy a dejar una hoja de calculo Excel que llevo en este pen de memoria. Todos los apuntes y direcciones que en ellos se encuentran creo que a usted no le serán muy desconocidos. Lo que quiero es un cifrado “en cristiano” de lo que significa. Sé que las tarifas de su asesoría se acercan a la usura. Pero en este caso no se preocupe, espero un completo informe con todo lo que usted pueda aclarar. Ya sabe que “la casa” esta detrás de esto, con lo que confío y espero que no tenga la tentación de hacer ninguna tontería.

-Claro y diáfano, señor Varea. En cuanto analicemos el archivo se lo mandaré a la dirección de correo electrónico que usted me ha indicado.
-Buenos días, señor Espinosa de los Monteros. Ha sido un placer.
-Igualmente.

Al cabo de una semana recibí de la mensajería MRW un completo dossier de la asesoría “Espinosa de los Monteros”. Se excusaba por mandármelo en formato papel, ya que el contenido del archivo era tan sumamente delicado que no se fiaba de la seguridad en la red.

Me tiré toda la tarde del domingo para poder entender de qué se trataba. El dinero de las numerosas donaciones de los Legionarios de Cristo llegaba a una cuenta del Banco di Roma, desde donde se traspasaba a la central de “Goldman Sachs” en Manhattan. Una vez allí, el dinero era transferido a fondos de inversión o a empresas de capital riesgo que desembocaban en paraísos fiscales en Belice o Panamá, para volver a la cuenta original del Banco di Roma con un valor multiplicado por tres. El capital inicial era transferido al Banco Vaticano y el resto volvía al circuito viciado para que volviese a crear nuevas plusvalías.

Dentro del circuito viciado, me llamó la atención que la Banca Parch recibiese numerosas transferencias, que asu vez eran de nuevo derivadas al banco italiano Esmarento para de nuevo volver a su origen.

El Padre Maciel permaneció en el verano del año 59 en Palma de Mallorca, donde fue recibido por Joan Parch en su finca S’Avallet para promocionar el seminario de Santa Margalida, abierto hasta nuestros días. Allí se debió fraguar una buena amistad, que fue continuada por sus hijos en la corporación Balba, titular de todas las transferencias desde la cuenta de “Goldman Sachs Roma”.

El resto era un galimatías de transferencias cruzadas entre bancos suizos que volvían a derivar a la cuenta original del Banco di Roma.

La verdad es que la explicación de todo el proceso era inmaculada, pero volvería a necesitar de las habilidades de “Espinosa de los Monteros” para entender bien ese trasiego de dinero.