Secuestro de niños

La noche estaba bastante cerrada, el Padre Aldo se dirigía a un nuevo intercambio junto a la monja Jennifer Rush, una norteamericana que apaciguaba bastante los ánimos de los rebeldes. Siempre iba ella con algún sacerdote. Su aspecto angelical,  sus ojos verdes. Su voz era tremendamente dulce e inspiraba una gran confianza.

El punto de encuentro era a las dos de la madrugada junto una torreta de vigilancia en plena jungla. Las coordenadas las habían mandado dos días antes al móvil de la parroquia.

Esta vez contaban con 2.133 dólares americanos. Con suerte podrían comprar a cuatro niños. Siempre eran niños. Las niñas se cotizaban mucho más. Aparte de ejercer como empleadas domesticas, satisfacían las ansias sexuales de la tropa. Muchas se quedaban embarazadas con 12 años y comprar a alguna costaba lo mismo que a tres chicos.

Esta era la primera compra para Aldo, sacerdote alemán que había recaído en la diócesis de Bangassou bajo un programa de Unicef.

Los rebeldes hicieron parpadear la linterna cinco veces, protocolo que indicaba que todo estaba en orden para un nuevo intercambio de niños soldados.

Tenían cinco muchachos y dos niñas. La Madre Rush intentó negociar la compra de todos por la cantidad que llevaban, pero fue como un insulto para los salvajes. Se enojaron bastante e incluso uno de ellos sacó un machete con ánimo de intimidar a la monja. Establecieron que sólo podían ser tres.

Rush tenía verdaderas depresiones siempre que se había realizado alguna compra de niños. El tener que elegir cuáles volverían a vivir era algo que le atormentaba el alma. Esta vez lo hizo rápido: los tres primeros chicos de la hilera.

Dio el dinero y los muchachos les fueron entregados.

Cuando cada grupo estaba tomando su camino, el Padre Aldo sacó una pistola calibre 22 con silenciador y le disparó en la frente al guerrillero interlocutor. Rápidamente repitió la operación con el que le acompañaba. Los dos guerrilleros que estaban guardando al grupo salieron despavoridos, dejando al resto de niños tirados en el suelo llorando y cubriéndose las caras con sus manos.

Entonces el Padre Aldo salió a la carrera en busca de los guerrilleros. Consiguió alcanzar al primero, degollándole el cuello a machete. Cuando terminó era prácticamente imposible alcanzar al otro.

-¡Hijo de la gran puta, mal nacido! ¿Qué has hecho? -gritaba fuera de sí la Madre Jennifer.

Aldo volvía con el alza cuello lleno de sangre en compañía del resto de niños.

-Salvar a cuatro niños. ¿No lo has visto?

-¡No, no, no!¡Acabas de joder un proyecto que nos ha llevado años poner en marcha, cabrón!Ahora morirán muchos más. En cuanto Satanás se dé cuenta de que le engañamos, será una verdadera carnicería.

Satanás era el apodo que la Madre Jennifer emplea para referirse a Joseph Kony, el dirigente del grupo guerrillero paramilitardenominado Ejército de Resistencia del Señor (Lord’sResistanceArmy, LRA), actualmente embarcado en una campaña para establecer un gobierno teocrático en Uganda. El LRA, que se había ganado una mala reputación por la brutalidad que ejerce contra la población del norte de Uganda, reclutó aproximadamente a 20.000 niños desde el inicio de la rebelión en 1987, secuestró a más de 40.000 niños.

Kony secuestraba a niños para usarlos como soldados o esclavos sexuales. Como parte de su iniciación se decía que a menudo se requería que estos niños matasen a sus propios padres para no tener hogares a los que regresar. Una vez secuestrados, los niños eran usados como mulas cargando suministros del LRA hasta que estaban demasiados débiles para caminar o imposibilitados para hacer los trabajos obligados por los comandantes de LRA. En ese momento eran asesinados o simplemente se les abandonaba para que murieran. Los niños secuestrados también sirven de blancos y señuelos, siendo enviados a primera línea (desarmados) cuando el Ejército de Uganda se encontraba con el LRA. Las niñas secuestradas a quienes Kony o sus comandantes superiores encontraban atractivas, se convertían en sus “esposas”. En caso de que se negaran,eran violadas y posteriormente asesinadas. Según la denuncia a los niños cautivos que causaban problemas, les cortaban la nariz, orejas y/o labios, luego se les obligaba a comer su propia carne.

Unicef llevaba años comprando niños. Era un programa que instauró la Madre Rush. Le costó mucho trabajo ganarse la confianza de los guerrilleros que a espaldas del líder Kony vendían la libertad de los niños.

-Ahora todo se ha jodido, Padre Aldo. Por su culpa.

Aldo,atónito ante la respuesta de la monja, no sabía qué contestar. La decisión la había tomado días antes. Aunque Jesucristo proclama el “no matarás”, sabía que este es un lugar situado en el culo del mundo donde no hay reglas. Imperaba la bestialidad del más fuerte y él sólo quería recuperar a más niños.

Aldo fue trasladado de forma inmediata a Roma, donde ahora les esperaba el Cardenal Calvini para indicarle cuál sería su futuro.

-Aldo, Aldo… Vaya gran cagada cometiste, hijo.

-Lo sé, padre, y espero penitencia.

-Querido hermano, tu labor en la Iglesia Católica se ha acabado. No podemos consentir actos como los tuyos. Sin embargo, puedes ser de gran utilidad realizando otro tipo de misiones.

-Haré lo que su Ilustrísima me ordene.

-Querido Aldo, la difusión de la fe en el siglo XXI conlleva caminos diferentes para los que te ordenaste como sacerdote. En el caso de que aceptes formar parte, el Padre Simón te adiestrará durante seis meses, aquí en Roma, para formar parte de los “Silere”.

-No sé a qué se refiere, Su Ilustrísima, pero estoy a la orden.

-Mañana te presentaré al Padre Simón, quien te explicará tu nueva labor.

“Silere”proviene del latín. Silencio, callar, estar callado. Lo que se callaba era la intencionalidad, pero no para entrar en la escucha de un silencio que debía ser escrito con mayúsculas, como si se tratara de un silencio ontológico, sino simplemente para oír.

Es una extensión no reconocida por el Vaticano,e incluso desconocida para algún Papa, que tiene como misión defender a la Iglesia Católica de todos los ataques que sufre en el mundo.Compuesta por sacerdotes no en activo, tienen una red de acción por todo el mundo que dirige el Padre Simón, judío convertido al catolicismo que nació en el campo de concentración de Aushwich, donde sus padres murieron y fue protegido por la Madre Sofía hasta que los aliados le liberaron.

El Padre Simón, de 69 años, controlaba a un grupo de hombres en los cinco continentes que estaba dispuesto a todo con tal de preservar la fe católica.

Después de recibir un programa inicial de seis meses en Roma, más otros seis más en Israel bajo la tutela del Mossad, Aldo estaría listo para la misión que le tenían encomendada en España.