La chispa de la mierda

Todo era bonito, todo era maravilloso. Estaba por encima del bien y el mal. Fuera se quedaban las otras marcas. Ese vulgo mundano que analiza las cuentas de explotación, los balances, los beneficios y las perdidas.

Su supremacía era de tal calado que las ultimas campañas de publicidad habían pasado de la identificación de la bebida con la felicidad a un estadio superior, predisposición positiva, ya no hacia falta la mención de la bebida, era un situación de la vida que generaba en una moraleja encantadora y al final salía su imagen. Y el espectador reflexionaba: “que bonito, como no, tenia que ser de la coca cola.

Pero ahora se ha vuelto mortal, mundana, avariciosa. Una de las pocas empresas del mundo que genera millonarios beneficios, decide cerrar las plantas de Palma de Mallorca, Fuenlabrada, Oviedo y Alicante. La compañía aduce capacidad “ociosa” en las fabricas que no llegan al 80% de productividad.

Dicho proceso afectará a 1.250 trabajadores, el 30% de la plantilla, con un ahorro de 26 millones de euros para la compañía.

Y ahora mucha gente se pregunta, ¿toda la mierda que nos habéis vendido durante décadas en vuestra publicidad engañosa, donde parecía que el refresco tenia contactos con la divinidad era mentira?

Si, la publicidad es el arte de crear una predisposición de compra hacia el consumidor, empleando un lenguaje atractivo que potencie el producto o la empresa.

Ellos han hecho una gran campaña que ha durado años y que mucha gente se ha creído, pero la puta dura realidad, es que es una empresa igual que todas, que solo le importa sus beneficios y a la hora de echar a los trabajadores, no duda ni un segundo en hacerlo.

Que sea una empresa es totalmente licito. Pero no vendas la felicidad suprema, cuando más de un millar de familias se van a quedar en la calle y no van a hacer nada la respecto.

Si aparte de los beneficios le importasen las personas, podrian recolocarlos en otras plantas o empresas del sector. Pero la triste realidad es que les importan una mierda y se irán a la calle.

No hay más chispa de la vida, hay un valle de lagrimas para 1.250 familias.