IB3

Una de las patatas calientes de la legislatura es la situación de las televisiones públicas. Decidido el cierre de [M], ahora deberíamos tener claro que IB3, no puede ser nunca un problema, y sí debe ser una solución. Para ello, en primera instancia, hay que abordar tres prioridades con decisión y valentía. Como decía el clásico, Carpe diem, o sea: aprovechemos el momento, y trabajemos para lograr una buena gestión de la televisión pública con la mejor financiación posible en este momento. A continuación, revisamos cuáles son esas prioridades.

1. Imagen y comunicación. Para que IB3 sea de utilidad a la sociedad de las Islas Baleares, lo primero que debe lograr es conectar con un mayor espectro de sus ciudadanos. Desgraciadamente, seis años después de su primera retransmisión, la cadena sigue sin tener una buena imagen. No es percibida como una empresa moderna ni eficaz; sus datos de audiencia son insuficientes pero, lo que es más grave, eso no queda compensado con la sensación de que aporte algún valor añadido en cultura o valores sociales (ahora mismo, IB3 tiene en su parrilla algún buen programa de libros, de divulgación cultural y social, de servicios informativos más que meritorios, incluso premiados, etc.; pero son cosas dispersas que no responden a un plan general)… En definitiva, IB3 tiene un problema de imagen. Por lo que también lo tiene de comunicación. No saber comunicar es una ruina para cualquier partido o empresa y deberíamos poner énfasis en un trabajo coordinado entre la futura Dirección General, la Dirección de Antena y Contenidos con un Departamento de Imagen y Comunicación.

2. Relación con el sector audiovisual. Hasta hace poco, el mayor error que se cometió en IB3 fue el de encargar hasta casi el 95 % de la producción externa a unas pocas productoras a precios excesivos, cosa que motivó, durante años, la indignación de una gran mayoría del sector audiovisual de las Baleares (y el estupor de la ciudadanía) un sector, recordemos, que al final no es más que un grupo de empresarios y trabajadores que, además, quieren comer y llegar a final de mes.
Es normal que las productoras más grandes tengan un mayor volumen de contratación: ellas pueden afrontar mejor su financiación, las circunstancias de una producción compleja, etc. Pero la desproporción no puede volver a ser tan exagerada. El trabajo que IB3 genere (aunque sea menos o de naturaleza diferente, porque el recorte presupuestario tendrá que afectar, aún más, también a la televisión) tiene que repartirse en función de las capacidades de cada uno y teniendo en cuenta que  la vitalidad de las empresas depende de ello.
Realmente, el perfil no político de Pedro Terrassa (un economista, un gestor, un técnico…) ha facilitado una mejor relación con el sector, que ha visto cómo, dentro de las posibilidades que ofrece IB3, el trabajo se repartía de forma mucho más equitativa, borrando de un plumazo los excesos anteriores. Esto debe tenerse en cuenta en nuestra futura gestión del ente ya que no hemos de propiciar que se vuelva a este tipo de excesos ni que los futuros directivos respondan a perfiles sospechosos que se alejen de la imagen que en esta nueva legislatura, y siempre, debemos dar de profesionalidad, eficiencia, compromiso y honradez.

3. Contenidos. Los ciudadanos de las Baleares nunca han entendido que IB3 gastara dinero en cosas como la Fórmula-1 o la Champions, es decir, espectáculos tal vez muy importantes pero que no tocan de cerca la realidad de las islas, cuya retransmisión sale cara y que además pueden verse en otros medios. O que se contratasen empresas de otras Comunidades para trabajos que perfectamente podrían haber realizado empresas propias, así como contratar programas con empresas vinculadas a cadenas de televisión, competencia directa de IB3. Como la actual situación económica de las instituciones no va a permitir este tipo de gastos excesivos, tal vez ahora se abre una gran oportunidad para IB3, Carpe diem, la de convertirse en el medio de comunicación que recoge la realidad de nuestras islas, la muestra a los ciudadanos y la exporta. En definitiva, una televisión como IB3 no deja de ser también una ventana al mundo en una época cada vez más tecnológica y globalizada.
Contenidos próximos; debate público de los principales problemas que afronta nuestra sociedad; información imparcial y seria sobre lo que ocurre aquí; cultura de las islas, mediterránea (y también, cultura nacional y universal vista desde las islas)… Este es un tipo de contenidos, no los únicos, por los que debe apostar IB3, invitando para ello a sus programas a los mejores representantes de la sociedad civil de Baleares, entre otros de reconocido prestigio nacional e internacional. Y siempre, huyendo de programas banales que denigren a las personas.

Conclusión. En IB3 hay que propiciar que se haga un trabajo riguroso, apostando por buenos profesionales, conocedores de nuestra idiosincrasia y realidad; y por contenidos de calidad, de proximidad, que no exijan excesos presupuestarios y, lo que es más importante, manteniendo una relación continuada con la totalidad del sector audiovisual, también con los independientes, y no sólo con una minoría de sus representantes. Esto último es esencial para evitar caer en errores del pasado, lograr mayor credibilidad y mejorar la imagen.

Y una reflexión. Los tiempos actuales y futuros no son ni serán fáciles, y no estamos en condiciones de despreciar el esfuerzo de nadie, hemos de procurar sumar y no restar, y aquí debemos recordar y tener presente la conocida moraleja que se desprende de las memorias de Winston S. Churchill: “En la Guerra, Resolución. En la Derrota, Altivez. En la Victoria, Magnanimidad y en la Paz, Buena Voluntad”.