Una tarde de toros

Ayer, gracias a la buena voluntad de mi compañero de caza en Sudáfrica pude disfrutar de una corrida de toros en la Feria de San Isidro de Madrid.

La entrada; fila 3 tendido 7, excelente ubicación donde la ganadería no acompañó en absoluto, siendo un tedio en cuanto al espectáculo de tauromaquia.

Soy un simple aficionado nada entendido en la materia, pero con ganas de aprender. A mi izquierda pude disfrutar de la compañía de “Juan Ma”, un señor de unos treinta y tantos años, verdadero aficionado y una enciclopedia andante en el saber del toreo. Pocos aficionados quedan, que conozcan perfectamente todo el reglamento y las artes del buen toreo. Con paciencia infinita fue resolviendo todas mis dudas sobre la fiesta nacional.

Dentro de un ambiente de camarería, me encontraba entre una cuadrilla de gente, donde se reparten la merienda de la tarde. Donde nadie es extraño y todos son bienvenidos, haciendo que el tedio taurino se convirtiese en una tarde entre amigos.

Estos es un  pequeño ejemplo de lo que es la gente de Madrid. La cuidad se ha convertido en algo insoportable, de gran Villa ha pasado a una enorme urbe, donde cada vez se hace más difícil sobrevivir.

Pero una  ventaja muy importante tiene esta capital, respecto a las demás; su gente; que es de todos lados, siempre con ganas de agradar al prójimo, de ayudar, de pasar un buen rato, de disfrutar de la calle, de la tertulia amable con los demás.

Todos deberiamos ir cada ciertos meses por prescripción medica  a Madrid para poder disfrutar de su gentes. Vuelves oxigenado, con ganas de ser un poco mejor en la vida. Valorando más, lo que es la interacción humana. Que bien dicho, esta el dicho, de Madrid al cielo