Ayuda al projimo

Hace unos días, me tocó experimentar una de las peores experiencias de mi vida. Salvo la muerte de mis seres queridos, creo que ha sido uno de los momentos  que más angustia me ha producido.

Requería de la colaboración ciudadana, para que se pudiese solventar el problema. Aquí es donde la gente anónima te vuelve a sorprender. Quiero agradecer públicamente a todos los empleados de los aparcamientos subterráneos de Palma de Mallorca por su especial dedicación, en especial a los vigilantes de la empresa “Trablisa” que trabajan para el “SMAP”, por su colaboración y comprensión.

Han sido un verdadero ejemplo de lo que significa la ayuda al prójimo de forma desinteresada. Sus voces de aliento, no me han hecho desfallecer en ningún momento. También es de justicia mencionar a la policía municipal de Palma, que aunque es su trabajo. Hay dos maneras muy diferenciadas de hacerlo. Ellos lo realizaron con suma comprensión y delicadeza para alguien que esta pasando por malos momentos.

Somos gente solidaria. Que cuando se debe ayudar a los demás, no nos lo pensamos. Ahora es el momento en que todos juntos nos debemos quitar esta falsa etiqueta de país fracasado. Hemos demostrado en los últimos 30 años que podemos estar compitiendo con las principales potencias mundiales. Tenemos profesionales perfectamente cualificados. Tan solo debemos tener claro cual el modelo económico.

Me gusta muchísimo el anuncio de “Nike” en el que aparecen nuestros deportistas de elite; Rafa Nadal, Andrés Iniesta y Pau Gasol, en el que van mencionando los logros de los deportistas españoles. Creo que se puede trasladar a la vida privada de todos los españoles. Existe potencial, solo hace falta que nos quitemos la careta de pesimismo, que ha envuelto a este país en los últimos cuatro años.

Necesitamos la ilusión de los planes de estabilización del 59, las ganas de libertad del 82, que junto con el trabajo diario, fuera de cualquier política del “pelotazo”, la gente vuelva a valorar lo que cuesta ganar dinero, el verdadero precio de las cosas. La normalidad diaria de un país que necesita imperiosamente que vuelvan las ganas por hacer bien las cosas.

En lo que se refiere a voluntad de sacrificio  y ayuda al prójimo, vamos sobrados, como he podido comprobar la pasada semana.