Limpiabotas

Esta tarde cuando me cambiaba en el vestuario del gimnasio, tras mi habitual sesión de spining, observe mis “sebago” de color marrón. Tienen una película de mierda oscura, que los hace bastante más viejos y usados, aunque tan solo tiene dos temporadas.

Se perfectamente, cual es la razón del lamentable estado de mi calzado, siendo lo que os voy a contar hoy.

Me encontraba en Bogotá, era domingo por la mañana tras haber recibido un espectacular masaje en el Hotel Victoria Regia, que era donde me hospedaba, me di un paseo por los alrededores del hotel. Enfrente de un gran centro comercial que abre las 24 horas del día, se encontraba un mercadillo muy agradable con puestos de libros y de artesanía del lugar.

Ya lo había visto todo, estaba esperando que el plan A del día se cumpliese, sabiendo que tenía menos posibilidades, de  que Japón gane el mundial de Sudáfrica. Pero es curioso, aun sabiendo que tiene muy pocas oportunidades,  era el plan que quería y deseaba, siempre esperas al final, creyendo, que todos los astros del universo te favorecerán. Pero no se cumplió, realizando el Plan B, que no fue tan malo como parecía.

Eran las 10.30 de la mañana.  Me senté en un banco alrededor del mercadillo, disfrutando de mi nueva lectura. Le ví desde la distancia, junto a su compañero de andanzas. Determinadas profesiones, sease policías, gandules, delincuentes, siempre van en parejas. Se debe al carácter de riesgo de la profesión en si misma, donde el socio, siempre debe estar atento, al acecho del peligro, para poder salvaguardar a su compañero, cuando las circunstancias se precien.

Eran dos limpiabotas, no pasarían de los dieciocho años y en su mirada, ya se apreciaba esa maldad, que muchos necesitan toda una vida marcada de desgracias. Me vio, no lo dudó, encaminado directamente hacia mí. Iba a ser su presa del día. Aunque físicamente puedo pasar perfectamente por colombiano, esta gente es experta en ver más allá. Sabía que era un turista en viaje de  placer. Muchos se preguntarán el porque. Es muy simple, el hambre agudiza el ingenio. Son detalles, la ropa, la manera de sentarme, de reaccionar. La universidad de la subsistencia enseña muchos detalles del comportamiento humano que son la clave para los profesionales de la calle.

Yo ya estaba vendido antes de que llegase. Era mi último día en Colombia y me quedaban todavía bastantes pesos, que no merecían volver a cambiar a euros, con lo que me iba a dejar llevar por el chaval.

Me hizo una introducción grandilocuente sobre las bondades del betún que poseía. A su vez me explicó el proceso para lustrar los zapatos, las etapas que emplearía para tal fin.

A todo le dije que correcto. Sin  darle importancia al precio, aspecto que en situaciones normales, es lo que primero debes negociar. Me daba, igual, le hubiera dado una buena propina, sin que hubiese hecho nada. Pero es mejor que todo el mundo reciba el fruto de su trabajo. En este caso el servicio de lustrar zapatos.

No se lo creía, debía ser el cliente más fácil que había tenido en años. Empezó a trabajar. De vez en cuando le giraba la mirada a su compañero, en señal cómplice del triunfo que estaba realizando.

Terminó el trabajo. Me volvió a contar una historia interminable para presentar la factura. Fueron 80.000 pesos que pague gustosamente, para comprobar meses después, que no solo me timó, sino que  se cargó mis queridos zapatos con una película de mierda que es imposible de quitar.

Moraleja; si ves un limpiabotas, haraposo y lleno de mugre, dale mejor una propina y no hagas el capullo como yo lo hice.