Torero

Hoy nos ha sorprendido desde la plaza monumental de México, la noticia del abandono de Christian Hernández, novillero que  debía matar dos novillos la pasada tarde. Sin embargo, no se atrevió a hacerlo: tiró la muleta, salió corriendo y escapó del ruedo de un salto. El propio Hernández explicó después a la prensa el porqué de su actuación, que desencadenó una monumental bronca entre el escaso público: “Me faltaron un par de huevos, esto no es lo mío”.

Hacía 30 años, que esto no ocurría en el coso mexicano. Sin embargo en España, tenemos las grandes y queridas espantadas del Maestro Curro Romero, que ya son un clásico en el toreo.

En el arte de los toros, es donde más se manifiesta la masculinidad de los hombres, los testículos bien marcados, quieren demostrar lo machos que son. Los ademanes al tendido, los gestos, las miradas, los gritos para que se arranque la bestia, todos son un alarde de comunicación no verbal para demostrar la hombría masculina.

Además esta interpretación de hormonas, es muy bien recibida por las mujeres, ya que son ellas las que mantienen el mito del torero follador, ya que por el simple hecho de ser torero, saben que pueden conseguir a mujeres, que nunca antes hubieran soñado.

Dentro de esta profesión lo que ha hecho este muchacho, es lo más bajo que se puede hacer. Muchos toreros prefieren que les coja el toro, antes que tener abandonar el ruedo.

¿Pero es valiente o inteligente? Todos conocemos a la figura del toreo José Tomas, donde gran parte de su éxito, consiste en arrimarse al máximo al toro o permanecer inmóvil cuando realiza los pases. Mucha gente, entre los que me incluyo, piensa que el diestro busca morir en la plaza, para convertirse en un mito del toreo.

Para que entendamos un poco más este contrasentido del toreo. A la gente le gusta ir a ver torear a José Tomas, ya que el drama de la cogida siempre estará presente. Es decir el público, en principios del siglo XXI, sigue yendo a los cosos para poder ver la sangre de cómo el toro coge al torero. Lamentablemente hemos retrocedido a la Roma del Coliseum, donde a los cristianos les comían los leones o donde los gladiadores luchaban a muerte.

No entiendo porque un torero que toma sus precauciones para que no le coja el toro, intentando enseñar el arte en los lances, siempre será menos valorado, que los loquitos que se exponen su vida, para el morbo del público.
Este chaval mejicano ha demostrado una gran hombría, al declarar a los medios que le “faltaron un par de huevos y que esto no es lo mío” ¿Valiente o inteligente?