¿Qué fue de ella?

Estaba tatareando la canción de fondo del Carrefour “Yo sin ti moriré…” buscando una maceta para poder trasplantar un esqueje de una de mis plantas favoritas, cuando la vi con su madre.

Trabaja en la administración, no diré en que departamento, pero para constituir una sociedad nueva, siempre pasas por sus manos. Debe tener unos treinta muchos, con evidentes signos de la segunda etapa en las mujeres, en las que ellas pegan un bajón y los hombres en cambio cada día estamos más interesantes.

Debió ser muy guapa en su juventud, ya que a pesar de los años, se ve perfectamente, que quien tuvo, retuvo. Yo siempre que voy a a realizar este tramite en la administración, me fijo en el pasar de la vida sobre su rostro.

La ultima vez que estuve, antes de realizar la cola de espera, me fui al bar de al lado a tomarme un café mañanero. Fue entonces cuando la observe, sonriente y divina, junto al más “menos molas” del gimnasio al que solía ir. Cuerpo de infarto, cara de guapito y sobre diez años menos que ella. Se la veía completamente feliz, creo que la relación no debía llevar mucho tiempo y lo más seguro es que él la había sorprendido con la visita para poder desayunar juntos.

Cuando subió a su aburrido trabajo, ya que esta funcionaria, tan solo te vende unos formularios para un proceso administrativo, observe como la compañera, con una mirada cómplice, le preguntaba que, que tal había ido. Ella con una enorme sonrisa, le comentaba los pormenores de la cita.

Creo que fue hace dos años. Y esta tarde la he visto, comprando con su madre. Se le ve un poco desmejorada físicamente, aunque guapa. Su madre paseaba una melena de color naranja. No sé porque, pero a determinadas mujeres con la edad, pierden el norte con el pelo. Es una teoría que sostengo y el día a día me va demostrando que es muy cierta.

¿Que habrá pasado con mi querida funcionaria?, ¿continuará con el cachas del gimnasio? Quien sabe, pero os prometo que la próxima vez que la vea, con dos huevos, se lo pienso preguntar, aunque piense que soy un loquito acosador. No sé tengo una curiosidad maruja tremenda.