Familia

Familia

Todas las semanas la Sra. Anne recibía un envío procedente de Madrid, compuesto de cintas, telas y toda clase de labores que no podía encontrar en la zona.

Goyo solía ir al pueblo Baños de la Encina, el más cercano de la Hacienda, enclavado en los montañosos terrenos de Sierra Morena, muy próximo al pantano del río Rumblar. El origen del nombre de Baños deriva de la riqueza acuífera del subsuelo de la zona que riega su término con un rosario de pozos y fuentes naturales. Entre los lugares de interés destacan el castillo de Bury Alhamma, fortaleza califal construida en el año 968, la Ermita del Cristo del Llano, que posee un magnífico camarín del siglo XVIII, muestra expresiva del barroco, con influencia árabe en la decoración de lacería y la cúpula que recuerda los mocárabes.
La Casa Consistorial, la Casa Torreón de Poblaciones Dávalos, el Palacio de Priores, La Iglesia de S. Mateo y mucho más eran enseñanzas que Goyo recibía del Sr. Aurelio, el encargado de la estafeta de Correos, que le tenía preparado el paquete envuelto en un papel de color rosa que ponía “La Moderna” Moda y complementos.

–    Goyito, ya estas aquí-
–    Como todas las semanas D. Aurelio-
–    Una pregunta le quería hacer Sr. Aurelio-
–    Tu dirás zagal-
–    ¿Quienes son los rojos, quienes los de derechas y quienes los republicanos?
–    Arrea las preguntitas hijo, de donde sacas tantas monsergas-
–    En el Diario que hay en el casino, que siempre le echo una ojeada y nunca entiendo nada, dicen que los militares se van a sublevar contra la República-
–    Hijo mío, en este País tan pequeño, somos pocos y parió la abuela, ni entre nosotros nos ponemos de acuerdo.-
–    Si pero explíqueme quienes son los rojos-
–    Mira un día los trabajadores del campo, observaron que trabajaban catorce horas y aún así no tenían dinero para mantener a sus familias y en cambio había Terratenientes que sin trabajar podían alimentar al pueblo entero, todo esto mezclado con las doctrinas de un tal Carlitos Marx que proclama la revolución del proletariado contra los terratenientes.
–    Y qué es un terrateniente-
–    Todo aquel que tiene grandes latifundios de tierras-
–    Pues mi padre, es un Terrateniente entonces-
–    Si tu padre es un terrateniente, pero con diferencias, gracias a tu padre y algunos como él, son gente que vino a esta zona perdida de la mano de Dios e invirtió en esta tierra  dando trabajo y jornal a más de veinte familias, además tu padre trabaja en la mina todos los días más que ningún otro.
Pero Goyito te voy a decir una cosa, en este pueblo se practica un deporte nacional llamado ENVIDIA, y tal se están poniendo las cosas, ten por seguro de que nadie se acordará del trabajo que da tu padre, sino de las tierras que tiene.

La conversación dejo atolondrado a Goyo que se marcho a su casa con más dudas que cuando llego.

¡Papa tranquilo que aunque seas un terrateniente, eres de los buenos ¡

La salida de Goyito encendió de carcajadas el comedor y él no entendió lo que realmente significaba TERRATENIENTE.

Goyo continuaba con sus excursiones para ver en cueros a Maria Vargas en sus baños matinales en la fuente. Cuando ella terminaba, cogía raudo el caballo y daba al galope la vuelta entera al cerro para que los encuentros nunca fueran en el mismo punto.

–    Mucha casualidad es que UD me encuentre todas las mañanas-
–    Ya ve, soy madrugador-
–    Bueno , Con Dios-

A Goyo la gitana le volvía loco, pero ella tres años mayor que él, sólo veía en Goyo a un chaval payo gracioso.

Una noche de luna llena en la que Goyo se puso de espera en busca de marranos jabalís, oyó en el silencio de la noche, como algunas jaras se resquebrajaban, apretó el dedo al gatillo y se puso en espera a que la piara de marranos se arrancara.

Al sentir que las jaras continuaban moviéndose y que no había piara por ningún lado, avanzo sigilosamente descubriendo que era Maria Vargas y un gitano del poblado, los que en un claro de monte se dedicaban a actividades amatorias.

Se quedo un rato observando como la gitana gemía como una perra, mientras las lagrimas le salpicaban el rostro y jurando y perjurando que nunca más en su vida se volvería a enamorar de semejante animal que chillaba y gemía más que una rata acorralada.

Después del desastroso desenlace al que le llevo Maria Vargas, Goyo comenzó a frecuentar más de lo habitual el Pueblo de Baños de la Encina.

Una vez recogido el paquete de su madre en la estafeta de Braulio, se iba al Casino y cuando todos los hombres habían terminado de leer el diario, se pedía un café con leche y empezaba analizarlo meticulosamente.

Las lecturas de la prensa y la posterior aclaración de D. Braulio, convirtieron a Goyo en un pequeño experto en política, era partidario de la CEDA de Jose María Gil robles, aunque reconocía que el llamado reformismo ilustrado de Azaña era el único signo de modernidad que había en este país.

D. Braulio para que entendiese las tendencias políticas de los partidos, le hacia símiles con personajes del pueblo: mira ahí va Pepón que para que te hagas una idea es como el radical Alejandro Lerroux o por ahí viene la señora Carmina que es como Aniceto Alcalá Zamora.

Los últimos años de la República fueron vividos por Goyo, desde una perspectiva alejada de cualquier conflicto y con un nacimiento de ideología que era una mezcla de la tradición católica impulsada por su familia y de modernidad respecto a la reforma de la propiedad agraria, en la que veía por los campos de Jaén, la injusticia de los jornaleros que realizaban catorce horas diarias sin ningún derecho de explotación de la tierra. Por otra parte la condición de su padre era un contrasentido, y en lo más hondo de su ser  era partidario de una paulatina socialización de la tierra.

En las estancias bañuscas, Goyo pronto encontró amigos, Manuel el de la Cripta, ya que su abuela era la única gitana que residía en Baños de la Encina, que aunque sus habitantes tenían poco de racistas, querían a los gitanos fuera del pueblo y a excepción de la Cripta, que ya hace muchos años se caso con un bañusco y se estableció en el pueblo, la medida era tan estricta que los familiares de la gitana que residían en Linares un pueblo colindante, nunca se les ocurría quedarse más tiempo que la visita de rigor.

A Manuel había que unir a Matías, compañero de caza, en la cual andaban picados en la época de veda, haber quién era capaz de matar más marranos.

El trío calavera como les llamaban en el pueblo, eran inseparables, se hicieron más que amigos, a pesar de las grandes diferencias que tenían entre familias. Manuel  se había buscado la vida desde los doce años y no llego a terminar el bachillerato elemental, pero era listo como el hambre, sabia perfectamente ganarse tres jornales al día trapicheando de aquí y allá, era el encargado de traer el pescado todas las mañanas al mercado desde Linares y sólo él sabe que pasaba con la mercancía en el trayecto, que una vez en el puesto a los ocho de la mañana, ya se podía permitir el lujo de no trabajar en todo el día. También era sumamente habilidoso en todas las reparaciones mecánicas y no era el cacharro o herramienta del pueblo que no hubiera pasado por sus manos.

Matías a diferencia de Manuel, estaba esperando para empezar la carrera de Leyes, de hijo de liberal extremista o rojo recalcitrante como se les llamaba, tenía una profunda admiración por Largo caballero o Indalecio Prieto y era partidario de la revolución del proletariado, sin embargo con sus dos amigos nunca salía el tema político y si salía Matías solía decir, yo como mi padre rojo perdido pero cristiano y católico, algo que Goyo replicaba:
-Joder, no entiendo como puede haber un rojo de la Iglesia.-

Entre baños, la sierra y los caballos, Goyo se convirtió en un zagal de 17 años, uno ochenta y cinco de estatura y una gran golfería que no le abandonaría toda la vida.

Era habitual con sus compañeros de correrías, en todas las verbenas de los pueblos colindantes y tal fue el despecho que recibió de Maria Vargas que tenia una extraña concepción de la condición femenina: – son seres en celo que hay que montarlas- solía decir.
Todas sus aventuras amorosas no tenían un ápice de amor y mucho de venganza, una vez que las hubiese poseído, pasaba a otra ya otra y así sin parar hasta que se fue creando un buen odio entre las muchachas de la comarca.
–    Goyo para un poco- le decía su padre.
–    Si no hago nada malo-
–    En la mina tu hermano Juan me cuenta que los obreros van mal diciendo de ti-
–    No haga caso que mal no hago a nadie-

Una de sus despechadas fue Victoria, hija de un conocido sindicalista de la mina, al cual le apodaban el “Rabioso”, debido a su mala sombra, y cuando se entero de la hazaña de Goyo, juro venganza en contra de los Hoffman.

La situación política cada vez era más insostenible y en el Bienio radical Cedista, cuando Gil Robles consideró a finales de Septiembre, que había llegado el momento de retirar su apoyo al gobierno presidido por Samper y reclamó la entrada de miembros de la CEDA en el gabinete ministerial. Lerroux recibió el encargo de formar gobierno.

Al día siguiente era declarada la huelga general y en la madrugada del día seis comenzó la insurrección armada. El movimiento revolucionario de Octubre fue sofocado en dos semanas, pero dejo de manifiesto el germen de odio que estallaría en años venideros.

En la mina los socialistas, sindicalistas y republicanos, convocaron la huelga durante cuatro días, en los cuales el Sr. Hoffman reclutó pagando doble cantidad de jornal a todos aquellos que estuvieran dispuestos a trabajar. La medida sentó muy mal entre los grupos radicales del pueblo ya que impidió la entrada de la Guardia Civil para sofocar la huelga y la actividad de la mina nos e altero en lo más mínimo.

Matías estaba como loco por el avance de una dictadura del proletariado en contra de la derecha facinerosa y  Goyo tenía cada vez mayores simpatías por la Falange Española un movimiento de renovación nacionalista española, que integraba una identidad Católica básica y propugnaba un régimen de autoridad, jerarquía, orden y justicia social, con el establecimiento de un estado nacional-sindicalista.

Tal empezaban a ser las diferencias ideológicas entre ambos, que empezaron a distanciarse con un amargo recuerdo de todas las correrías que habían vivido juntos.

Sin embargo A Manuel le falto tiempo para ir a trabajar a la mina durante la huelga y de realizar tres turnos seguidos para ganar en cuatro días doce jornales.

Dado el cariz que estaba tomando la situación, Stefan Hoffman recluyó a Goyo en el cortijo y sólo podía salir para acompañarle a la mina. Después de dos días recluido junto a su hermano Juan en la oficina de la London Berry, Goyo no podía más y pidió permiso al padre para poder bajar a la mina para picar junto a los demás obreros, lo cual no le pareció mal al padre y dio su aprobación.

En una mañana cuando llevaba más de dos horas picando plomo, recibió por la espalda un golpetazo de tal índole que se quedo inconsciente con una brecha en la cabeza a la que tuvieron que dar siete puntos de sutura.

Cuando le subieron a la superficie, el espanto del Sr. Hoffman fue mayor por la mirada que recibió de los operarios que por el triste desenlace de su hijo.

Después del acontecimiento a Goyo no le dejaban salir del Cortijo, solo salía de vez en cuando a recoger las labores de su madre en Baños de la Encina.

El Sr. Aurelio había cambiado radicalmente de humor y prevenía a Goyo:

–    Goyito ten cuidaó con lo que tu padre hizo durante la huelga, que esta gente se la tienen guardada y tarde o temprano pedirán sangre.
–    Andaos cautelosos que toda la izquierda se ha unido y son un polvorín andante.

Goyo podía respirar el odio, en Baños le decían:

–    Qué te ha pasado en la cabeza-  con aire burlón
–    A lo que Goyo contestaba – Ya ves hay mucho hijo de puta en este pueblo.